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domingo, 5 de junio de 2011

Capítulo 16: Un desastre


Por culpa de mi Alma


NA: Este capítulo lo estaba debiendo hace tiempo. Espero que lo disfruten. Ya queda muy poco para el final.

Edward pov

Miré por otro día más las gotas de lluvia caer por la ventana de mi habitación, era como si el mismísimo cielo comprendiera mi pena, como si Dios –Si es que existe para personas como nosotros –sintiese lástima por mí al fin. ¡¿Hasta cuándo tengo que seguir clavado a este mundo sin ella?! . Perderla una vez ya fue suficiente castigo, ya he pagado por todos los crímenes que cometí en mis primeros años como neófito, no es justo… Dios, no es justo y lo sabes… Otra vez quería llorar, ¡¿y es que acaso este es otro más de los castigos que has dado a mi especie?! Ni siquiera puedo sacar esta rabia, esta tristeza e impotencia fuera de mi cuerpo…

Caminé hasta la ventana de mi habitación, sin pensar si lo que hacía era lo correcto, la abrí y salté hacia el bosque, dejé que las lágrimas del cielo cayeran en mi piel y dejé que mis pies me llevaran una vez hasta ella. El bosque estaba completamente húmedo, oscuro y con ese familiar aroma a madera mojada, la hierba y el barro se pegaron a la suela de mis zapatos. Alice me matará, lo sé.

Respiré una y mil veces el olor del otoño, no es como si aquí en Forks las estaciones del año fueran marcadas, más bien parecía sumido y condenado al igual que mi alma al triste invierno. No me gustaba el sol para nada, pera sentí la extraña necesidad del calor en mi piel.

Sin darme cuenta mis pies se detuvieron, cuando fui consciente de ello miré a mi alrededor. Ahí estaba yo, parado frente al umbral de su puerta.

¿Tendría acaso el valor de llamar a la puerta y hablar con ella? Hacerla entender que ella debía estar conmigo, que ella debía creerme, que yo jamás quise engañarla ni mucho menos, pero la cobardía, la estúpida cobardía volvió a ganarme. No toqué. Ni tampoco me alejé de la puerta.

Me concentré para escuchar las voces en las mentes de su familia pero todo lo que oí fue el más y absoluto silencio. Me di cuenta sólo entonces de que la casa estaba a oscuras, que el auto de su padre no estaba como de costumbre estacionado frente al garaje. Por lo que hice lo que mi primer impulso me dijo. Busqué con mi mirada la ventana que yo sabía daba directo a la habitación de Marie y en lo que me tomó sólo cuatro segundos yo estaba dentro de la casa. Sí, ahora tenía que agregar otro maldito delito a mí lista, resulta que ahora violo la propiedad privada.

Sentir otra vez su dulce aroma me cargó de energías. Se sentía realmente bien estar aquí. Todo, hasta el más ínfimo rincón estaba impregnado de ella. Respiré como un maldito desquiciado cuantas veces pude hacerlo. Mi boca se hizo agua –más bien se hizo ponzoña– y por primera vez en mucho tiempo mi garganta dolió. Se quemaba por dentro como si yo fuera un simple humano que por atarantado bebió de una taza de café recién servida con agua hirviendo. Quemó tanto que me sentí de nuevo vivo. Podía sentir cómo su simple olor podía lograr que me sintiera sediento por ella, tal como lo sentí el primer día que la vi, tal como el primer año que compartí con Isabella.

Recorrí la casa entera en busca de alguna pista que me dijera dónde encontrarla. Entonces encontré una nota sobre la encimera de su cocina.

“Gracias Bethy por cuidar de las plantas, perdón por irnos tan deprisa, pero ya sabes, finalmente se venderá la casa de la abuela Renné y pues tuvimos que viajar lo antes posible, no sé cuánto tiempo nos tome volver, pero mientras, cuida bien de la casa”

Reconocí la letra, era de la mamá de Marie. Yo la había visto un par de veces en la fila del banco, y sí, conocía bien su letra. De pronto sentí una punzada en la boca del estómago. ¡Mierda! Había olvidado que Renné tenía uno foto de Bella y mía, la verdad es que nosotros jamás debemos dejar huellas en ninguna parte, no es bueno para nosotros que los humanos tengan pruebas que algún día los hagan sospechar de nosotros. Yo me había encargado por años, después de la muerte de Isabella de recolectar todas las fotografías que teníamos juntos, incluso tuve que entrar a las casas de los que alguna vez fueron nuestros amigos, Ángela, Mike, incluso a casa de Jessica para sacarlas. Pero por más que le pedí a Bella que no repartiera fotos nuestras por todos lados ella había insistido en enviarle una a su madre, decía que eso la haría sentir tranquila, que a pesar de que ya no volviera a verla, ella al menos sabría que era feliz, feliz a mi lado.

Recordé perfectamente la imagen en mi mente.

Ella a mi lado, tomando mi mano, yo… yo no podía dejar de mirarla, es que enserio, jamás me cansé de admirarla, ni un solo momento. Entonces ella me había dado un apretón fuerte para que mirara a la cámara mientras Emmett se reía y se burlaba de cómo me había convertido un hombre débil, de cómo esa pequeña humana me tenía completamente como su esclavo. Bella por supuesto que lo disfrutaba, sólo ella era capaz de reí horas y horas con las bromas de mi hermano.

Moví mi cabeza para borrar los recuerdos, ya había tenido suficiente nostalgia hoy. Tenía que actuar rápido. Marie no podía encontrar esa foto, ¡no debía! Y es que yo ya la había asustado con mis palabras, no podía dejar que ahora también se asustara al verme en lo que claramente era una foto –Literalmente– del baúl de la abuela.

Respiré por última vez su aroma y salí disparado hasta mi casa, tenía que encontrar mi pasaporte, tenía que tomar algo de dinero, unas cuantas tarjetas de crédito y un poco de ropa, porque no iba a dejar que ella viera esa foto, ella no iba a tener más razones para sentir miedo de mí. Si quería recuperarla, cosa que así es, iba a tomar todas las precauciones posibles.

Cuando finalmente estuve en mi cuarto, tomé todo lo necesario y lo metí en una mochila, escribí rápidamente una nota que sólo decía lo justo y preciso para que mi familia no se preocupara.

“No se preocupen, sólo tengo algo importante que hacer, volveré. Los quiere Edward”.

No perdí tiempo tomando mi auto, yo llegaría mucho más rápido al aeropuerto corriendo y sin lugar a dudas el mal tiempo sería una perfecta capa de invisibilidad. Ni siquiera di tiempo a la lluvia para que mojara mi cabello, ni mi ropa, llegué en pocos minutos de haber salido al aeropuerto. Con una tarjeta dorada es fácil persuadir a cualquier persona, por lo que conseguir el primer vuelo disponible a Florida no me fue para nada difícil. Eso y una que otra sonrisa coqueta a la pobre chica de la recepción.

Cómo odio los aviones y es que estar sentado sin hacer nada para que este se mueva más rápido es lejos la cosa más torturadora que existe. Me sentía inquieto y angustiado. No sabía desde cuando ella se había ido. ¿Y si ya había encontrado la foto? ¿Y si yo ya no tenía ninguna esperanza?, no quise seguir pensando. Más cerré mis ojos para simular que dormía, es que la azafata realmente estaba considerando en venir por décima vez en medía hora a preguntarme si quería algo de tomar o de comer.

Cuando por fin llegamos, intenté no parecer de otro mundo cuando casi salí disparado del bendito avión. Para mi mala suerte había olvidado lo soleado que era el clima por estos lados, por lo que además de perder mi tiempo volando por los cielos sentado cómodamente en un asiento de primera clase, tuve que seguir perdiéndolo mientras me movía por las sombras. Por suerte la mayaría de las calles y avenidas estaban completamente adornadas con enormes rascacielos grises. Recordaba perfectamente el camino hasta la casa de Renné. Yo lo conocía perfectamente, no importaba cuán cambiado estuviera todo en esta ciudad, yo podía encontrar fácilmente aquella casita tan acogedora.

Sólo pasaron treinta minutos para que la encontrara. No me fue para nada difícil colarme en la casa, la conocía, yo ya había estado en ella. Recordé el viejo ático donde Renné solía dejar las cosas de Bella después de que comprendió que ella no volvería. Lo que ella jamás supo es constantemente algún integrante de mi familia venía a visitarla para poder contarle luego a Bella que su madre estaba bien y feliz. Incluso yo mismo vine un par de veces. Obvio que tenía que encontrar un lugar para esconderme durante esas visitas, ósea, no iba a pararme frente a su puerta después de veinte años desde la primera vez que la vi luciendo aún como un crío que no pasa de los dieciocho o a lo más diecinueve años.

Podía oler a Marie en la casa, pero antes de que mi impulso me llevara exactamente donde yo quería estar – a su lado – me obligué a mi mismo a caminar sigilosamente hasta el ático. No me sentía orgulloso de esconderme como una rata, pero era la única opción que tenía.

Rogando no haber llegado demasiado tarde comencé a buscar entre las cajas la fotografía que iba a delatarme. Pero entonces mi maldita suerte volvió a fallarme. Sentí como el aroma de Marie me golpeaba cada vez más fuerte. ¡Mierda!, ella venía directamente hacia donde yo estaba. Estaba acercándose y yo estaba acorralado. Miré a mí alrededor un segundo.

Me escondí lo mejor que pude entre las sombras y me tapé la primera manta vieja y empolvada que encontré y me quedé quieto. Un punto para mí. Lo único bueno de ser un maldito vampiro inmortal era que podía permanecer completamente inmóvil sin ni el más mínimo esfuerzo durante días, incluso semanas. Si tenía suerte podría pasar completamente desapercibido. Entonces, mientras terminaba de acomodar la manta para no dejar nada a la vista ella entró.

Se veía cansada, sin necesidad de una gran visión pude notar que no había estado durmiendo bien, las grandes sombras moradas bajo sus ojos la delataban. También, podía ver que había estado llorando. Sólo desee con toda mi alma que yo no fuera el causante de ello.

La sentí cuando comenzó a limpiar el lugar, y para mi pesadilla personal, también la vi ver la foto que tanto quería esconder de ella. Tarde.

Otra vez. Llegué tarde.

Y así. Después de que ella se marchara y que mi cuerpo al fin se liberara del hielo que me había dejado completamente incapaz de realizar el más mínimo movimiento por a lo menos unos veinte minutos preso por el terror al ver su reacción, me convencí a mi mismo que lo mejor era no seguir interfiriendo con el destino. Si Dios o quién sea que dirige los actos del amor cree que debo estar con Marie las cosas se darán. Mi mente, mi corazón e incluso mi cuerpo ya están cansados de esta lucha por encontrar la paz que por tantos siglos he intentado encontrar.

En cuanto pude salí del cuarto, en cuanto pude y hubo anochecido corrí al aeropuerto, tomé el primer vuelo de vuelta a Forks y una vez allí corrí. Sólo corrí.

No me detuve por horas, el aire en mi cara se sentía bien, incluso la lluvia que en ese instante caía calmaba mi alma. Oh, sí. Escuchar caer la lluvia siempre era algo que me relajaba, escuchar como las gotas chocan contra las hojas de los árboles, oír como caen formando charcos en medio del camino. Ese suave zumbido del viento en mis oídos, el suave rose del aire en mi piel. Por un momento soñé con que las gotas que humedecían mis mejillas era las lágrimas que tanto quise soltar en todos estos años. ¿Acaso… Al fin estaba llorando? ¿Al fin el señor todo poderoso se había compadecido de este sucio pecador?. La respuesta era obvia y yo la sabía perfectamente.

Ni estaba llorando, ni él, se había apiadado de mi alma. Si es que aún la tenía.

–“La tienes, lo sabes, o ¿al menos todas las tienen no?”.

Esa voz.

Miré a todas partes, me detuve en seco y dejé que la lluvia terminara de empaparme. Al parecer al fin me estaba volviendo loco.

–“No es sano pensar en voz alta cuando hay lobos cerca, ¿lo sabías?”.

–“¡Jacob!”. –Mi mente se activó instantáneamente.

Él no podía seguir con vida. No por tantos años. Ósea, yo sé que él también es una especie de inmortal. Lo supe hace años, y aunque en esos tiempos él no había dado indicios de ser un Licántropo ahora estaba más que seguro que lo era, de otra forma este encuentro tan real –si es que mi mente realmente no me estaba engañando– yo mejor que nadie había conocido a los antepasados del chico. Él tenía la magia en su sangre.

–“Sigues pensando en voz alta Cullen”.

–“¿Jacob?, ¿Realmente eres tú?”.

–“No, fíjate que soy el lobo feroz en el bosque de la caperucita roja”. – No pude evitar reírme.

–“No es como si no fueras un lobo, ¿verdad?” – Jake se me quedó mirando con los ojos como platos.

–“¿Qué tanto sabes de esto?”

–“Ciertamente, más de lo que quisiera recordar” –admití un poco cansado.

–“Entonces eso explica que no te calleras de espaldas al verme frente a ti. Oye… ¿Puedo hacerte una pregunta chupasangre?”

–“Adelante, la verdad es que supongo que te lo debo”.

Lo observé vacilar. Estoy seguro que quiso preguntar por qué se suponía que yo le debía algo, pero entonces lo vi todo en su mente, me quedé apretando la mandíbula. A pesar de saber el dolor que me causaba su duda lo dejé continuar.

–“¿Bella también ha venido con ustedes?” – Al oír el nombre de mi niña casi caí de rodillas al piso mojado. ¿Realmente él no sabía que ella estaba muerta?.

–“Jake, ella…”. –Comencé a decir, pero mi boca se estaba comenzando a secar más y más.

–“¡Ella qué!, ¿Dónde está?, he visto a tu hermana por la ciudad, se que todos ustedes regresaron, incluso he visto a más de los tuyos por estas tierras. ¡Dime dónde está Bella!”.

–“¡Bajo tierra está! Ella está muerta hace años”. – Las últimas palabras sonaron más bien a desesperación disminuida. Antes de darme cuenta estaba tirado de espaldas al barro y con un par de manos presionando mi garganta. Quise dejar que me matara.

jueves, 3 de febrero de 2011

Capítulo 15: Los Cullen

N/A: Esta historia la publico también en Fanfiction y hoy, después de mucho tiempo que tenía sin revisar esa cuenta, encontré un comentario que me hizo sentir culpable... Le había fallado a una lectora, hacía meses que no publicaba sin dar alguna explicación válida... recordé que tenía empezado este capítulo... por lo que por ella, y en parte por uds me senté y no me paré de mi asiento hasta que lo terminé. Son las 4:31 am pero valió la pena, espero que uds piensen igual. Besos

Angylito

POR CULPA DE MI ALMA


Marie Pov

Si, él era un vampiro y eso no me importaba. Era una decisión que había tomado mucho antes de haberla pensado siquiera. Incluso antes de conocerlo. Pues él ya era mi dueño. Lo único que lamentaba ahora, era no haberlo entendido antes de que fuera demasiado tarde.

Me cambié al asiento del copiloto para que Alice tomara mi lugar y condujera hasta su casa.

Nada se veía como las veces anteriores que estuve allí. Todo era opaco, sin vida. Faltaba algo esencial y yo sabía con exactitud que era.

– “Edward”. –Mi mente se respondió de forma casi automática.

Esme me saludó en cuanto me vio entrar. Me dio el abrazo más cálido que pude recibir alguna vez, pero a pesar de ello me sobresaltó, nunca se me había acercado tanto como ahora. No es que no estuviera preparada para sentir su gélido abrazo, o su repentina muestra de cariño. Pero no pude evitar temblar.

– “Lo siento”. Fue lo primero que dijo al ver mi reacción y retrocedió un paso.

– “No te preocupes”. –Dije intentado sonreír, pero la alegría era falsa y todos lo notaron. No podía, por más que intentara demostrar ni ápice de felicidad, no era capaz, no cuando por dentro estaba muriendo.

– “Alice”. –La busque con la mirada cuando noté que ya no estaba cerca de mí, pero ella estaba como ida casi al final de la sala. –“Qué sucede”. Inquirí dirigiendo una mirada curiosa a la matriarca de los Cullen. Ni siquiera era consciente de si mi pregunta no estaba fuera de lugar.

– “Está viendo algo”.

– “¿viendo?”.

– “Sí cariño, Alice puede ver parte del futuro”.

¿A caso algo debía sorprenderme a estas alturas de la vida? Me quedé en silencio imitando al resto, pero no me fue difícil ver que sea lo que fuese que Alice estuviera viendo no podía ser nada bueno, los rostros de todos estaban visiblemente contrariados. Al igual que el de la pequeña Alice.

–“¿Qué sucede Alice?”. – El rubio novio o hermano, a este punto ya no sé, se acercó a ella para preguntarle. Fue extraña la forma en que un aura de paz y calma llenó la habitación. De un momento a otro me sentí extrañamente tranquila. Sensación que sin sentido me hizo temblar.

La pequeña vampiro se quedó en silencio sin responder, hasta que finalmente parpadeó –No había notado que hasta entonces era la primera vez que lo hacía – y ya con las facciones menos duras respondió.

–“No es nada, ya todo está bien”.

–“¿De qué hablas?” – Por un instante el pánico que había sentido antes volvió a mí sin razón alguna.

–“Qué fue lo que viste?”. –Intervino el grandote que se acercó hacía mí y posó su enorme mano en mi hombro. A pesar del frio de su tacto sentí su intención de darme apoyo.

–“Es Edward, por un momento estaba sopesando la estúpida idea de hacerle una visita bien parecida a la anterior a nuestros viejos amigos en Italia. Por poco comente el mismo error, pero finalmente desistió. Creo que ya sé dónde encontrarlo”.

–¿Qué fue lo que pasó en Italia? ¿Qué hace él allí? ¿Qué visita?.

–Marie, es algo que pasó hace mucho, ya él te contará todo algún día, no nos corresponde a nosotros decirte estas cosas.

–¡Pero ya sabemos dónde está, tengo que ir a buscarlo!

–No Marie, no es el momento indicado.

–“¡Llévame con él Alice, por favor!”

–“No es posible, no por ahora, pero él regresará, lo he visto”.

–“¡¿Cuándo Alice, Cuándo?!”.

–“Un mes”.

–“¿Un mes?” –De solo pensar que tendría que esperar tanto tiempo para verlo el pánico se apoderó de mí y las lágrimas volvieron a llenar mis ojos.

–“No llores cielo, intentaremos comunicarnos con él para que regrese cuanto antes”. –La madre de Edward logró calmarme un poco.

–“¿Pero por qué no puedes llevarme con él?”.

–“Porque él necesita este tiempo, está haciendo algo importante”.

­–“Lo extraño tanto, necesito decirle que lo amo, que nunca debí dudar de él, que es mi vida y que sin él no puedo ser feliz”.

–“Tranquila Marie, tu significas lo mismo para él, créelo, hace muchos años que no lo veíamos sonreír como lo hemos visto hacer este último tiempo, no desde que Isabella murió”. – Todos miraron a Esme cuando mencionó el nombre de mi tía abuela. Traté de calmarme, de no parecer asustada con el tema, pero habían muchas cosas que quería saber, tenía que prepararme para cuando Edward llegara, si quería estar con él por el resto de mi vida debía conocer un poco más sobre su pasado.

Titubee un poco antes de comenzar a preguntar, temí que ellos se enfadaran por lo que lancé la primera pregunta intentando que sonara casual.

–“¿Ella es la mujer que él siempre visita en aquel claro?”.

–“Si mi niña, ella es la razón por la que volvemos constantemente a Forks, no es sólo por Edward, nosotros también la extrañamos mucho, ella es parte de esta familia, tal cual lo serás tú algún día”.

–“Me gustaría saber un poco más sobre ella, no sé si ustedes lo saben, pero cuando estuve en casa de mis abuelitos pude ver fotos de Edward y mi tía Isabella”. –Todos se miraron confundidos, como si lo que yo estaba diciendo tuviera sentido para ellos al mismo tiempo que me hacían sentir como si yo no debería saber eso.

–“¿Qué tanto sabes cielo, qué te ha dicho Edward sobre Isabella?” –El doctor Carlisle se mostraba bastante amable y eso me animó a seguir hablando.

–“ No mucho. La verdad es que sólo sé que él la amaba muchísimo, la verdad es que cuándo me contó que él es un … –No estaba segura si debía decir lo que eran, no sabía si acaso les molestaría. O quizás me detuve inconscientemente, no había dicho la palabra en voz alta y es que apenas estaba digiriendo la verdad, pero afortunadamente Jasper, el novio de Alice, completo mi frase.

–“Un vampiro”. –Dijo asintiendo como si esperara que yo continuase hablando.

Tragué la saliva que se había acumulado sin que me diera cuenta dentro de mi boca y me sonrojé cuando mi garganta sonó. El grandulón que se mantenía parado tras el sofá blanco con las manos sobre los hombros de la despampanante hermana de Edward lanzó una pequeña risotada. Todos rieron más cuando Rosalie le dio una de esas miradas que dicen “Ponte serio”.

–“Perdónalo, aún después de todos estos siglos no logramos que madure”. –Dijo ella dándole una sonrisa.

Sonreí en respuesta y es que a veces parecían una familia común y corriente, agradecí en mi fuero interno. Luego de un rato y sin explicación me sentí más relajada. Pude ver como Alice le dedicaba una sonrisa a Jasper.

–“Bueno, como decía, cuando me enteré que era un vampiro, no me sentí muy bien que digamos, no pude prestar mucha atención a lo que decía, debo decir en mi defensa que no todos los días te enteras que el chico que te gusta es un ser mitológico. No lo creí al comienzo, pensé que se estaba burlando de mí, que quizás esa era su forma de decir “Caíste y ahora te dejaré”. No … no terminé de escucharlo”.

–“¡Esa es una manera cuerda de reaccionar!, bien hecho pequeña”. –Todos se voltearon a mirar a Emmett que seguí sonriendo como si mi reacción hubiera sido la acertada.

–“¡¿Qué?!, no dije nada malo. –dijo levantando una ceja y haciendo una especie de puchero al tiempo que cruzaba sus enormes brazos frente a su pecho.

–“Ya cállate Emmett, queremos escuchar a Marie”. – Alice nunca me pareció tan peligrosa.

–“Ya, ya, me callo”.

–“Marie, te escuchamos”. –Me animó Jasper, pero yo sabía bien que lo decía para apoyar a Alice.

Me sentí un poco incómoda de nuevo aunque no de la misma forma que antes, respiré hondo para continuar, quería terminar de contar mi historia pronto y es que tenía unas cuantas preguntas en mente.

–“Bueno, la cosa es que cuando encontré la foto en la que mi tía abuela Isabella ella salía abrazada de Edward, cuando vi lo felices y enamorados que se veían sentí celos, miedo… no sé, creo que después de eso me tomó un segundo darme cuenta de que todo lo que Edward dijo era cierto”.

–“Creí que Edward tenía todas las fotos de Bella, cómo es que se le pasó esa…” –Alice parecía confundida.

–“¿Cómo?, ¿Es que acaso hay más fotos?”. – No pude controlar que el volumen de mi voz sonase como eco en una habitación donde todos permanecían callados y con los ojos puestos en mí como si sintieran … ¿culpa?.

–“Sí cielo, no son muchas, pero sí, existen por lo menos una docena de ellas”. –Pude ver como Esme miraba de reojo al doctor Carlisle de manera bastante cómplice.

– “¿Puedo verlas?”.

Las miradas cómplices ya no eran sólo entre Esme y Carlisle, sino que ahora parecía como si todos ellas tuvieran un tipo de conversación interna. Con suerte pude distinguir un leve zumbido en el aire ya de por sí denso.

Me quedé mirándolos por un rato en espera de que alguno de ellos abriera la boca de una buena vez y contestara a mi pregunta. Pero nadie respondió. Al menos no en tiempo considerado. Luego de lo que me pareció una eternidad Alice se acerco a mí diciendo – “Ven, sígueme”. – al tiempo que tomaba mi mano y me dirigía con sutileza hasta donde comenzaba una enorme escalera.

jueves, 22 de julio de 2010

Capítulo 14: Regreso

N/A: Uhiii me tardé mucho pero terminé este capítulo. aviso que quedan tres más y el epílogo. Espero me perdonen por abandonarlas tanto, También quiero dar las gracias por todos los saludos de cumpleaños que recibí. Son las mejores. enserio que alegran mi vida.


Por Culpa de mi Alma

Marie Pov

Él tenía razón, estábamos destinados a estar juntos, mientras que yo sólo pensaba en que todo había sido una farsa, él no se había burlado de mi. Realmente me amaba, realmente lo que decía era su verdad y yo no le creí. Huí ante el primer aviso de dolor, tanto miedo tenía de sufrir que hasta en mi inconsciente había estado tratando de creer que todo era parte de mis sueños. Quise pensar que tal vez ya estaba a las puertas de la locura. Pero no, ahora tenía pruebas de sobra como para que la realidad cayera frente a mis ojos. Y ese instinto por reprimir lo que me hacía daño se apoderó de mí al instante. Reprimir…que Edward era real.

Me quedé en la casa escondida, lo obligué a que se alejara de mí.

Había tenido la evidencia delante de mis narices siempre, desde el primer día en que lo vi, desde el día en que conocí a su familia. ¿Cómo no lo vi?, ¿Cómo no me di cuenta de las similitudes obvias?, ¿Cómo no vi lo diferente que era al resto de las personas?. Su piel, su cuerpo, sus ojos, incluso su olor. Todo en Edward era único, sobre natural.

Es cómo una perfecta estatua de mármol, pálido, gélido, perfecto. ¿Qué persona con tres dedos de frente lo habría creído normal?. ¡Quién maldita sea! ¡Quien!. Claro, la respuesta la sabía. Yo. Nadie más que yo.

Quedaban muy pocos días para volver a Seattle, y en lo único que podía pensar era en ir corriendo a la casa de Edward y rogarle que me perdonara. Necesitaba decirle que le creía.

Pero…

Otro pensamiento me atemorizó. Y por primera vez pensé en lo que era.

Un… Vampiro. Y sí así era… Sopesé la idea de verme en los brazos de Edward, con sus dientes blancos y perfectos sobre mi garganta. Un maldito escalofrío me recorrió de pies a cabeza. No tenía frio, es más el calor era asfixiante, pero sin embargo, temblaba.

Sacudí mi cabeza, no podía pensar en él haciéndome daño. Un recuerdo fugaz se hiso presente en mi mente.-“También nos enseñó una forma diferente de alimentación, ya sabes, la mayoría de lo de mi especie se alimenta de sangre humana, por el contrario nosotros solo bebemos sangre de animales, es por eso que nos resulta mucho más fácil mezclarnos con la gente".

No me haría daño. No, él no sería capaz, ya no lo hiso. ¿Verdad?.

Respiré profundamente, la cabeza me estaba dando vueltas y no era un buen momento para estar así. Tenía que tener la cabeza fría para poder pensar en la manera de enfrentarme a Edward.

Los días pasaron de la manera más lenta y tortuosa. Había pedido venir para no pensar en lo que había pasado esa noche de mi cumpleaños, pero todo lo contrario ocurrió. Nunca había pensado tanto en Edward como ahora. Nunca había deseado tanto tenerlo a mi lado.

Tomamos el avión a primera hora, tomé los audífonos para escuchar lo único que me relajaba. Busqué en las emisoras radiales que ofrece el avión y finalmente encontré la música que deseaba. La música clásica instrumental logró relajar mis músculos hasta el punto de quedarme dormida y despertar sólo cuando ya hubimos aterrizado.

Quise correr a mi auto y partir a toda velocidad hasta la casa del hombre que había rechazado. Pero no podía, ¿Cómo explicarle a mis padres la razón de mi urgencia?. ¿Cómo hacerlo sin tener que mentir?. No es como si pudiera decirles que me había dado cuenta de que había estado haciéndome la enferma para no ver a un chico, que resultó ser un vampiro. Y que ahora quería saltar a sus brazos por que finalmente había decidido que no importaba lo que fuera. Que no me importaba poner mi vida mi vida en peligro porque lo amaba.

Me aguanté hasta el otro día. Sin poder pegar un solo ojo en toda la noche. Solo esperaba que no fuera tan tarde.

Me levanté en cuanto los primero rayos de sol iluminaron mi habitación. Tomé la ducha más corta que pude y me vestí con lo primero que vi. Sólo podía pensar en que ojalá Edward no me haya hecho caso. Esperaba encontrarlo en el instituto.

Todo en mí temblaba. Era la extraña mezcla entre el frio, los nervios y la ansiedad que sentía. Pero ese temblor terminó en el momento en que aparqué en el instituto y vi el lugar donde se suponía debía de estar su auto.

-“Vacio”. –musité para mis adentros.

No pude controlar la humedad que pedía a gritos salir de mis ojos. Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera controlarlas y una punzada en la boca del estómago hiso que respirar fuera doloroso. El aire no entraba a mis pulmones y el llanto me estaba ahogando.

-“Tranquila Marie, no llores”. –Una vocecita me sobresaltó. Era una voz con la que ya me sentía familiarizada.

-“¿Alice?”. El mar de lágrimas aumentó y mi llanto se hiso demasiado audible, tanto como para que cualquier persona que pasara cerca de mi auto lo oyera y pensara que me estaban matando.

La gélida mano de Alice intentaba secar las gotas que caían por mis mejillas al tiempo que la otra me abrazaba y palmeaba mi espalda diciendo, -“No sufras cielo”.

Por un momento un rayito de esperanza entró a mi corazón. Por un instante creí que él estaría cerca. Su hermana lo estaba, ¿Porqué Edward no habría de estarlo?. Pero toda esa esperanza se derrumbó en cuanto reuní las fuerzas suficientes para preguntarle a Alice por él.

-“Yo…” –vaciló con el rostro desmoronado por completo, pero terminó la frase –“Lo siento”.

-“Se ha ido, ¿Verdad?”. Tomó mis manos y las cubrió con las suyas.

-“Hace un par de días”. –Pude ver cuánto le dolía pronunciar estas palabras. El mismo llanto desconsolado de hace un rato volvió para quedarse. Esta vez con más intensidad, con más tristeza y más doloroso, lo había perdido. Edward se había marchado.

-“Por favor dime que sabes dónde encontrarlo”. – Le rogué sin pensarlo.

-“Marie, créeme que si lo supiera ya le habría avisado que estarías aquí hoy”.

La abracé tan fuerte como pude, olvidando por completo que ella tampoco era humana, dejando de lado todo lo que me atormentaba. Olvidando cada instinto de supervivencia que debería estar presente en mí. Abrazaba a un vampiro pero no me importó. Ya nada me importaba. Ni siquiera mi propia vida. No si ya no podría compartirla con Edward.

Fue extraño, porque todo lo que estaba viviendo me pareció un deja vú.

-“¿Porqué siento como si ya hubiera pasado por esto?” –Dije más para mí, pero Alice me escuchó. Sólo alguien con un muy buen sentido de la audición habría escuchado un apenas audible susurro.

-“Es porque una parte de ti ya lo vivió cielo” – hiso una pequeña pausa pero luego continuó hablando tan rápido que las palabras salían casi atropelladas.-“ Hace unos años Edward intentó alejarse de Bella, claro, para protegerla de lo que somos, pero lo único que logró fueron cuatro largos meses de angustia y por poco terminan muriendo los dos”. –Me miró cómo si estuviera viendo a otra persona pero esa sensación se desvaneció cuando volvió a hablar. –“No dejaremos que esto llegue tan lejos esta vez, no lo permitiré, lo prometo”. –Lo que Alice acababa de decir no me hacía sentido pero otro flash pasó por mi cabeza.

Esta vez todo se me hiso más claro. Las mujeres de mis sueños, su angustia por perderlo. Las palabras, el hombre de las sombras… Siempre fue él. Debí ver el parecido. Las mujeres no eran las. Sino que una sola. Recordé de sopetón la foto de mi tía Isabella. Era ella.

Era ella quien me pedía que no lo dejara ir. Era ella quien sufría cada vez que yo hacía algo por sacarlo de mi vida.

Todo cayó ante mí como una tormenta en medio de la sequía. Finalmente veía todo con claridad.

-“Alice, por favor, ayúdame, tengo que encontrarlo”.

Ella sonrió y sin aviso me abrazó tan fuerte que mis costillas dolieron y solté un quejido soltando el poco aire que quedaba en mis pulmones. –“Perdón”.-Susurró alejándose de mí y poniéndose a una distancia saludable.

-“No te preocupes”. –Le sonreí sinceramente.

-“¡Cuenta conmigo!”. –Gritó animada.

Sequé mis lágrimas con las mangas de mi suéter y me incorporé. Mis costillas aún dolían a causa del abrazo de Alice, de seguro me había ganado unos moretones pero no me detuve a pensar en ello. Toda mi concentración estaba en la lucha que emprendería.

Porque no dejaré que esto acabe así. Él tiene que saber que lo amo.

sábado, 10 de julio de 2010

Capítulo 13: Tiempo Muerto

N/A: ¿Alguna de ustedes se preguntó dónde se había metido Edward ? Bueno, aquí está la respuesta. Espero les guste este Pov Edward. Besos!!

P.D: no se si alcance a terminar el capítulo de dueños de destino, tengo que irme al cumpleaños de una amiga :/

Por Culpa de mi Alma

Edward pov

Me era difícil alejarme de ella, no podía, traté, juro que lo intenté con todas mis fuerzas, pero dolía, dolía demasiado, el vacio. ¡Diablos! La estaba perdiendo otra vez, se que prometí dejar que ella decidiera, pero dejar que así sea significa dejarla partir.-De nuevo.

El viento estaba soplando muy fuerte, y la tormenta de nieve era ya casi inminente, no era algo que me preocupara, mi maldito cuerpo helado siquiera notaría el cambio de temperatura. Estoy seguro de que en si en este preciso momento un tornado se cruzara en mi camino no lo sentiría.

Aún cuando ella me pidió que la dejara no hice caso, he estado visitándola por las noches, como siempre. Si verla dormir era la única manera de estar cerca de ella así sería. Muchas veces me sentí como un desquiciado psicópata, pero ¿Qué otra alternativa tenía? Ya no podía estar lejos de ella, no ahora que me había dado cuenta de que la necesitaba para vivir, no ahora que ella cada noche susurraba mi nombre en sueños. Tarde o temprano tenía que darse cuenta de que nuestro destino estaba marcado, qué de alguna manera ella está predestinada desde que nació para estar conmigo.

Las ansias por llorar ya se habían vuelto el pan de cada día, quería tanto aprovechar el tiempo con ella, quería tanto poder besarla, abrazarla y decirle que la amo con todo lo que soy, con todo lo que tengo.

Las horas del día eran eternas y la noche siempre se me hacía corta. Ella no lo estaba pasando bien, yo lo sabía, lo veía cada noche mientras se revolvía entre las sabanas de su cama. Sin dudas tenía pesadillas y yo impotente a su lado sin poder calmarla.

Le hubiera pedido el favor a Jasper, pero él y Alice habían partido de viaje hace unos días, Alice no soportaba verme sufrir y yo no podía forzarla a quedarse. Así como tampoco intervine cuando el resto de mi familia decidió quedarse.

Esta vez no forzaría a nadie a seguirme. Esta vez afrontaría las consecuencias como el hombre que soy. Y no huiré aun cuando esto me esté matando. –Como si fuera posible.

Había encontrado un lugar donde no lastimaría a nadie, un lugar en lo alto de una montaña rocosa, ni el prado era un buen lugar por el momento, no tenía cara para pararme frente a la tumba de Bella y decirle que había dejado escapar a la mitad de su alma.

Miré a mí alrededor y un rayo de alegría llegó a mis ojos. Pronto oscurecería lo necesario como para correr por el bosque e ir a mi visita clandestina en el cuarto de Marie.

Tomé el camino de siempre, y aproveche la instancia para alimentarme, debía de tener los ojos negros, hacía semanas que no cazaba, y realmente ya estaba sediento.

Un enorme puma se cruzo en mi camino y no dudé en ir por él. No fue suficiente para satisfacer mi sed pero no podía, no quería perder más tiempo, necesitaba sentir su aroma, necesita respirar el mismo aire que ella.

Oculté el cadáver de mi presa y volví a fijar el rumbo a su casa.

Ya estaban las luces apagas, y el silencio era dueño de cada partícula de aire que rondaba por su casa. En mi mente podía ver los sueños de sus padres y los de su hermano, sueños tranquilos, reparadores y normales. Como siempre entré por la ventana y me senté sobre la mecedora de la esquina, me mantuve inmóvil como cada noche, nada más observando, velando por sus sueños.

La noche podía haber sido como cualquier otra pero no fue así, ella estaba temblando, estaba llorando y volvía a gritar mi nombre en sueños. La oí moverse y supe que pronto se despertaría, me oculté en las sombras donde aún si prendiese la luz no me vería.

La vi sentarse en la cama, tomar su celular y mirar la hora, luego bajo casi sin meter ruido hasta la cocina, quise seguirla, pero sería demasiado arriesgado por lo que me mantuve escondido donde estaba, no quería asustarla aún más.

Al rato volvió a la cama y se tomó una taza de leche tibia y volvió a dormir.

La noche terminó tranquila y poco antes del alba abandone la habitación y pasé por mi casa para cambiarme de ropa y volver a la montaña para no incomodar al resto de mi familia. Esta vez no quería que ellos fueran parte de mi sufrimiento interno.

Otro día más debía esperar para poder verla, otro día con horas que cada vez se volvía más eternas.

¿De cuantas maneras podía sentir destrozado un corazón de piedra?

¿Cuánto tiempo duraría esta agonía innecesaria?

¿Se daría cuenta Marie del valioso tiempo que estamos perdiendo?.

Eran tantas las preguntas que mi cabeza se formulaba, y era lógico, estando aquí solo me daba mucho tiempo para pensar y lamentarme.

Otra noche estaba próxima a llegar, y ya como la costumbre que era me levanté para correr en dirección a su casa.

Entré por su ventana como cada noche y oí en mi mente los sueños de su familia, -“siempre deseando que fueran los suyos los que pudiera oír “- Pero esta noche nadie dormía bien, algo perturbaba a todos.

Indagué un poco más en los sueños de su padre y el estaba soñando con.. ¿Renné?

¿Cómo es que conocía a la madre de Bella, mí Bella?

Me quedé quieto y atento a sus sueños.

Pobre hombre, tenía una de esas pesadillas que parten el alma a cualquiera, reconocí en sus sueños la casa de la mamá de Bella, esa a la que una vez acompañe a mi amada en Jacksonville.

La estaban demoliendo. Él se despertó de golpe y si no tuviera mi habilidad para moverme rápido de seguro me habría sorprendido. Salí por la misma ventana que había entrado y desde fuera vigilé la casa, el padre de Marie dio vueltas por la casa casi toda la noche y pude ver en sus pensamiento que pronto viajaría con su esposa y Marie a Jacksonville.

Me debatí entre sí debía seguirlos hasta allá. Pero luego decidí quedarme.

Ya no había dudas, Marie era pariente de Bella. Nunca lo dudé y sonreí para mí dándole las gracias a mi ángel por ponerla en mi camino.

Cuando la fría y lluviosa mañana llegó en compañía del sol emprendí mi viaje de regreso a mi soledad como todos los días.

Me pregunto si debí forzarla a ver mi naturaleza, si debí mostrarle de otra manera lo que soy, o sí me apresuré demasiado en decírselo. De todas maneras ya no había paso atrás que dar, las cartas estaba sobre la mesa y ella por el momento había tomado su decisión.

Me lamentaba cada segundo que las cosas no fueran diferentes, si tan solo fuera más fácil. Supongo que es lo que me merezco por haber sido el cobarde y egoísta que fui con mi Bella, si tan solo no me hubiera opuesto tan rotundamente a convertirla ahora la tendría a mi lado. Aunque por otra parte jamás me abría cruzado en el camino de Marie y eso porque esa alma estaría completa.

Ya no servía de nada culparme.

Seguramente en un par de horas Marie estaría viajando rumbo a Jacksonville. Por primera vez la tendría lejos realmente, pero solo esperaba que este viaje le ayudara, esperaba con todas mis fuerzas que algún día ella recapacitara y me diera una oportunidad, yo la haría feliz, haría todo por ella. Incluso transformarla.

Solo por vana costumbre fui a su casa esta noche. Solo para dejar que mis pulmones se embriagaran con la esencia de su dulce aroma. Para no extrañarla.

Era extraño estar aquí, en una habitación vacía. Pero no me importaba, todo aquí era parte de ella.

Me estaba convirtiendo en un maldito psicópata, oliendo sus ropas para poder sentirla, invadiendo su espacio solo para tener un poco de paz en medio de esta tormenta.

Es que no tengo fuerzas para alejarme de aquí. No me marche al llegar el día, no como debía hacerlo. ¿Para qué hacerlo? Si estaba seguro que al menos por un par de días el lugar estaría vacio.

Me la imaginé en repetidas ocasiones durmiendo, susurrando mi nombre como lo había estado haciendo por varias noches luego de que me pidiera dejarla en paz.

Jamás creí posible volver a sentirme atraído por una humana de nuevo, jamás esperé siquiera que Bella cumpliera su palabra de regarme un pedacito de ella.

Me cuestioné si dejarla sería lo mejor, juro que lo pensé, lo medité y me arrepentí cada vez que decidía hacerlo.

Era lo único que Bella me había pedido. “cuidar de su alma” y eso haría, contra vientos, contra mareas, contra imposibles yo haría lo que estuviera en mis manos para recuperarla.

Dos días pasaron y ya era hora de hacerle una visita al prado.

Respiré profundamente antes de dejar la casa de Marie.

Corrí en medio de la noche oscura, dejando a mi paso los grandes árboles del bosque, dejando atrás el aroma de aquella muchacha humana dueña de mis pesares y alegrías.

Entré en el prado y me acerqué lentamente al lecho de mi ángel. Me senté como era ya mi costumbre en la dura cerámica y allí me quedé.

La luna no estaba en su lugar. La luna no salió esta noche, así como tampoco Bella apareció.

Ojalá pudiera cambiar mi vida, ojalá pudiera dejar de buscar verla en todas partes, ojalá pudiera olvidar su voz, su aroma, sus ojos y sus labios, ojalá que mis actitudes no estén perturbando su descanso eterno. No quería ser el causante de quitarle eso también por no cumplir con mi promesa.

Me quedaría aquí hasta que llegara el día en que Marie volviese, solo esperaba ser fuerte para soportar su ausencia.

No aguanté, cuatro días más pasaron y ya estaba desesperado por lo que fui a casa, recogí un poco de ropa y mi pasaporte falso.

-¿Dónde vas Edward? – Preguntó Esme cuando me vio empacar mis cosas.

-Lo siento mamá, pero no puedo soportarlo más. Necesito irme.

-Pero por qué hijo, debería esperar que Marie regrese, ¿cómo sabes si acaso ella no cambió de opinión?

-No lo creo mamá, tengo miedo. Miedo a que ella regrese y vuelva a rechazarme. Miedo de no ser capaz de cumplir con la promesa que le hice a Bella.

-No pienses así hijo. Por favor no nos dejes de nuevo.

-Lo siento. – fue todo lo que pude decir antes de darle un beso en la frente a mi madre y marcharme.

Si me quedaba aquí me volvería loco. Ya no me estaba alimentando, ya no tenía fuerzas y todo aquí me recordaba a ellas. Necesita aires nuevos. Necesitaba recargar mis fuerzas y luego volver para seguir luchando, si es que ese era mi destino.

jueves, 1 de julio de 2010

Capítulo 12 ¿Qué es todo esto?

N/A: Hola!! uhiii!! les cuento que ayer fui a la Avant Premiere de ECLIPSE y bueno, lo único que les diré es que la amé!! que fue por lejos mil veces mejor que Crepúsculo y Luna Nueva juntas. La amé!!! - Bueno, volviendo a lo nuestro, sé que algunas extrañaban esta historia así es que aquí les dejo el capítulo de hoy, me pondré a escribir el siguiente ahora, si alcanzo a terminarlo lo subo hoy mismo o si no ya mañana, la verdad es que me da risa, porque mañana tengo que dar una prueba, y es justo cuando tengo que estudiar que la inspiración me llega. En fin, también les dejo la nueva portada que hice para este fic, espero que les guste :D. Ojalá disfruten el capítulo. Algo está a punto de cambiar en esta historia. Besos y gracias a todas las que han puesto en sus oraciones a la mamá de Neny.


Por Culpa de mi Alma

Marie Pov

Me pasé toda la semana inventando excusas para no verle, me parecía tan extraño estar actuando así, lo normal sería que las excusas fuesen para todo lo contrario, pero aún no me sentía preparada para volver a pararme frente a él, no por miedo, o quizás sí, en realidad el temor que sentía no tenía nada que ver con lo que decía ser, sino más bien al terror de volver a sufrir.

Era una muy mala mentirosa, y mis padres muy malos actores, en casa nadie me había preguntado el porqué esa noche volví llorando, porqué no quise ir yo por mis regalos, o porqué es que me estaba haciendo la enferma para no ir al instituto. Yo los conocía muy bien a los dos, y tenía claro que sabían que enferma no estaba. Supongo que algún día debo agradecerles el que me dejen faltar a clases pero por sobre todo por no hacer preguntas que yo en este momento no sería capaz de responder.

Últimamente me sentía como si estuviera vacía por dentro, como si algo muy importante me faltase para vivir, como si la ausencia de Edward fuera en todo lo que podía pensar en este momento. Ausencia que por cierto, yo misma había obligado.

Cuando estábamos cenando, noté como mi padre estaba en extremo callado, no es que hablara mucho, pero se veía preocupado y mamá tampoco tenía mejor cara que él.

-¿Pasa algo?.

-No cielo, es solo que… - Su voz se desvaneció, algo le preocupaba y yo no lo dejaría pasar tan fácil.

-Mamá, no me mientan ¿sí? Ya soy grande y sé muy bien que algo pasa.

-Van a expropiar la casa donde vivió tú bis abuela Reneé.

-¿Pero porqué?.

-Según dijo el abogado de la familia una carretera pasará por el lugar.

-¿Y ustedes permitirán que hagan eso?

-Cielo, no tenemos alternativa, si no se acepta la expropiación la casa de igual manera será derrumbada, tu padre y yo hemos estado averiguando, pero no hay otra salida que aceptar lo que nos ofrecen por ella.

-No puedo creerlo. – Esa casa era el único recuerdo que quedaba de mi familia, papá no había tenido hermanos, y mi abuelo solo una, pero hace años que murió, o eso se cree luego de que huyera de casa a los diecinueve años.

- En dos días más debemos volar a Florida para sacar las cosas que aún quedan en la casa, la vecina que cuidaba de la ella también debe irse, toda la cuadra ha sido comprada por esa empresa constructora.

-¿Les molesta si los acompaño?.

-¿Pero y tus clases?, Marie, no puedes seguir faltando, solo te lo permitimos porque siempre has sido muy responsable y tienes que tener muy buenas razones para querer tomar un respiro. Pero hija, no volveremos pronto, sacar las cosas de la casa y arreglar los asuntos legales tomará varios días. Creo que no es buena idea.

-Pero mamá, sabes que le tengo mucho cariño a esa casa, además prometo ponerme al corriente, no puedes dejarme fuera de esto.

El tiempo se hiso eterno mientras mis padres se daban miradas silenciosas, esta no era una excusa para alejarme por unos días de Seattle, realmente me importaba el destino cruel que tendría el único recuerdo que nos queda de nuestra corta familia.

Finalmente hablaron.

-Está bien, sabemos que es importante para ti. Pero debes prometer ponerte al corriente en cuanto volvamos, nada de salidas…

-¡Gracias!.-No dejé que terminara de hablar, si antes estaba agradecida de tener padres tan comprensivos ahora lo estaba el doble.

Sin querer la vida me estaba dando un respiro, aunque perder esa única herencia familiar no fuera algo que me alegrara, necesitaba esto.

Los días pasaron rápido, y el vuelo a Jacksonville fue muy tranquilo.

Entrar a la casa de mi bis me causó mucha tristeza, si bien no la conocí mi abuelo siempre me contaba lo divertida que era, lo inestable e infantil que podía ser. Crecí oyendo historias sobre ella. Se me oprimió el corazón solo con pensar que pronto no quedaría nada de estos recuerdos, me dolía pensar que en cuestión de semanas todo esto desaparecerá para convertirse en no más que paredes de cemento.

Miré a mi padre y me acerqué a él para abrazarlo, una lágrima rodó por sus mejillas, era obvio que a él le doliera aún más que a mí esta situación, era la casa de su abuela la que iba a ser demolida, los recuerdos de su familia los que se perderían.

Los dos primeros días los dedicamos para limpiar, ya que la casa llevaba años cerrada, fue increíble ver lo hermoso de la decoración sin todas esas sábanas blancas cubriéndolos, a pesar de que tenía mucho tiempo sin venir los recuerdos vividos en estas paredes comenzaron a llenar mi cabeza. Antes siempre pasaba mis vacaciones aquí. Eso hasta que el abuelo falleciera hace tres años ya.

Los próximos días tuve que terminar de empacar las cosas para la mudanza yo sola, mis papás andaban ocupados con los papeleos legales y todo eso, y mi hermano no había venido porque tenía exámenes toda esta semana y había decidido quedarse en casa de un compañero.

Sólo me faltaba limpiar el ático, por lo que tomé de la bodega un plumero, un par de bolsas de basura, y un espray mata arañas, si hay algo a lo que le temo son a esos asquerosos bichos. Tome la linterna que mi padre había dejado en la encimera esta mañana, subí hasta la segunda planta de la casa y al final del pasillo frente al baño de visitas jalé de la cuerda que colgaba del techo, la verdad es que tuve que emplear más fuerza de lo que parecía necesario, y es que las solapas estaban un poco oxidadas. Unas escaleras se desplegaron al momento en que jalé lo suficiente la cuerda como para que se abriera la entrada al ático. Y para mi sorpresa un rayo de luz me cegó por unos momentos, siempre lo recordé como un lugar oscuro, solo una vez había subido a este lugar, y había sido para subir la caja con las fotos del abuelo el día después de sus funerales.

Dejé caer la linterna que llevaba en las manos. Y terminé de subir los peldaños que faltaban para llegar por completo arriba. Una vez allí di un enorme suspiro, el lugar estaba lleno de polvo y telas de arañas, pero no me daba miedo, la verdad es que la luz que antes me cegó un instante provenía de un tragaluz que según mis difusos recuerdos había estado cubierto por una persiana, que ahora no estaba.

Lo primero que quise limpiar fueron los libros, los apilé y los guardé en una de las muchas cajas que mi papá había dejado el día anterior en el lugar para facilitarme un poco el trabajo. Estaba en eso cuando uno de ellos llamó profundamente mi atención, me resultó demasiado familiar la portada del libro empolvado que tenía sobre mis manos.

“Cumbres Borrascosas”

¿Dónde es que lo había visto?, era muy antiguo, eso estaba más que claro. Saqué la capa de polvo que hacía borrosa la tapa del libro, hace años que no veía un libro tan maltratado, se notaba que había sido leído muchas veces. Lo abrí y en la primera página que por lo general siempre está en blanco decía:

Este Libro pertenece a Isabella Marie Swan / Junio -2006”

El libro pertenecía a la hermana mayor de mi abuelito. Como por reflejo miré la cicatriz en mi muñeca, esa que según mi papá heredé de ella. Di unas cuantas hojeadas a unas cuantas páginas al azar y cuando estaba a punto de cerrarlo una foto cayó del libro. Estiré mi mano para recogerla, una vez que la tuve en mis manos me di cuenta de que en el reverso tenía algo escrito al igual que en el libro, con una letra más bien tosca, con tinta negra y un poco borrosa por el tiempo pero no por eso difícil de leer, esta vez decía:

“ Primer cumpleaños a su lado. Septiembre 13, 2008”.

La calidad de la foto era pésima, muy antigua, ya casi no se veían este tipo de reliquias. Cada uno de estos objetos debía tener por lo menos cien años.

La volteé y traté de quitarle un poco el polvo, se notaba que alguien la había doblado por la mitad, estaba mirando esa línea cuando mis ojos vieron algo difícil de creer.

La mujer de la foto se parecía demasiado a mí, si no fuera porque tenía una fecha escrita en el reverso hubiera creído que la de la foto era yo. Supongo que no solo había heredado la cicatriz de ella. Lo siguiente que vi me asustó y me dejó helada.

¿Edward?

Refregué mis ojos con los puños de mis manos, quizás estaba viendo mal. Volví a mirar con la esperanza de que esto solo haya sido parte de mi imaginación. Tal vez mi subconsciente me estaba jugando una broma de mal gusto. Cerré y abrí mis ojos un par de veces hasta que creí estar lista para volver a mirarla.

Ok, esto si da miedo. Edward seguía en la foto.

La miré, quizás se tratara de un hombre parecido a él. Pero pensándolo mejor, no, la verdad es que no hay nadie que se le parezca, nadie alcanza esa belleza sobrehumana, nadie en este mundo podría ser tan, pero tan igual a él como lo es el hombre en la fotografía. Sinceramente, mi tía abuela no se me hiso lo suficiente hermosa como para merecer ese abrazo que él le daba. Una punzada se hiso en la boca de mi estómago y quise ser yo la merecedora de ese abrazo.

¿Estaba celosa de una foto?

Lo pensé por un segundo, Isabella se parecía a mí. Lo que quiere decir… que yo debía de verme de la misma manera que ella a su lado y eso me puso triste. No es que haya creído que yo era linda, pero ver así el contraste que se hacía entre ellos me hiso ver la realidad.

Aparté el libro y dentro de él dejé la fotografía, exactamente no sé por qué razón lo hacía pero algo dentro de mí pedía respuestas que algún día pretendía encontrar.

Ordenando las demás cajas que allí habían, encontré varias fotografías más, dentro de ellas, estaban las fotos de los abuelitos de mi padre, Renée y Phil, unas cuantas de ellos con mi abuelo en brazos, y otra de ellos y un hombre de bigote abrazando a la tía Isabella. Seguí buscando, sin saber qué precisamente hasta que Edward apareció en otra de las fotos, y no solo él, el resto de su familia también con ropas de otra época, pero estaba segura que eran ellos y la tía Isabella.

Una lágrima se dejó caer de mis ojos y esa misma fue seguida por otras más hasta el punto de nublarme la visión por completo.

“Edward estaba diciendo la verdad, no había otra explicación para esto”.

domingo, 30 de mayo de 2010

Capítulo 11: Larga Noche

N/A: Semana muy ocupada, perdón por no avisar, pero esta semana que pasó estuve llena de exámenes en la universidad y los dos días libres que tuve me tocó trabajar, ando mega cansada, pero jamás lo usaría de escusa para dejar de escribir, espero que disfruten el capítulo. Ah! y espero que los pequeños cambios que hice en el blog en la imagen les gusten. :) besitos mis amores.

Por culpa de mi Alma

Marie Pov

“No te vayas”. –Mi voz se fue apagando al mismo tiempo que el humo que se había llevado consigo a Edward mientras que se dispersaba y se esfumaba la nebulosa cortina ya casi sin dejar rastros.

Quise correr sin importar hacia qué dirección, con la esperanza de encontrarlo, quizás lo vería recostado sobre el tronco de un árbol milenario y cubierto por las habituales sombras que le cubrían desde que estos sueños habían comenzado. Pero no pude, mis piernas se doblaron como si fueran las de un cervatillo recién nacido.

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas al mismo tiempo que mis piernas se doblaban por la pérdida de fuerza repentina, el peso que antes me impedía avanzar desapareció así sin más, y mi cuerpo que antes había estado aprisionado por ella ahora era libre, pero tanta energía terminó por tirarme al suelo. Caí de rodillas a la hierba, casi segundos antes de caer amortigüe el golpe con mis manos.

“No te vayas…”

Era todo lo que podía decir, mi mente solo pensaba en suplicas. La angustia que aprisionaba mi pecho era demasiada, era parecida a la que irradiaba aquella muchacha la primera vez que estos sueños comenzaron.

Me rendí y me desplomé por completo cayendo en posición fetal sobre la húmeda capa de vegetación a mis pies, la sensación de abandono que la ausencia de Edward me provocaba era terrible.

-“Estás dejándolo ir…

Las palabras de la anciana se repetían como un eco en todo el prado.

La misma energía que ya varias veces en este sueño en particular me había arrastrado de un lugar a otro me sacó de la posición fetal en la que aún me encontraba, tenía miedo de descubrir a donde me llevaría esta vez, cerré los ojos y para mi sorpresa y desgracia cuando los abrí estaba parada frente a una tumba, y no de cualquier tumba, si no que estaba frente a esa que estaba en medio del prado, esa que Edward siempre iba a visitar.

Un rayo de luz se reflejaba en la cerámica de la lápida que por un instante me impidió abrir por completo mis ojos, intenté mirar el nombre de la mujer que yacía allí, pero el brillo de la luz me lo impidió. Cuando traté de mirar de nuevo tapando con una mano la luz del sol sobre mis ojos algo llamó mi atención, no estaba sola, a mi lado estaba ella, la muchacha que siempre sufría estaba de pie junto a mí, se acercó un poco más y con timidez y delicadeza tomó mi mano que estaba más cerca de ella, con ese pequeño rose pude sentir como una calidez me cubrió por completo, solo entonces me di cuenta de que estaba temblando de frio.

Con mi mano libre hice el intento de secar mis lágrimas del rostro, pero ella me detuvo, no me había arriesgado a mirarla directo a los ojos, por algún motivo me asustaba el parecido que yo pudiera tener con ella, pero ella me obligó a mirarla a los ojos.

Yo no era la única que lloraba, ella también lo hacía, su gruesa capa de pestañas estaba aún más pesadas por las gotas salinas que brotaban de sus ojos color chocolate, bajo ellos y en forma de media lunas acostadas sobre sus ojos, y un poco más a la luz, pude ver que cómo un buen par de ojeras se asomaban, como si ella no hubiese dormido en semanas.

Sentí cierta lástima por ella. Pero por el contrario, ella comenzó a observarme con tal nivel de ternura, con tal calidez que irradiaba paz y con un brillo especial en los ojos que me sobrecogió por completo, mis manos se levantaron con el afán de abrazarla, no sabía por qué, pero necesitaba un abrazo, me sentía desprotegida, como cuando pierdes de vista a tus padres en el centro comercial de niña. Me acerqué y ella extendió sus brazos como si comprendiera que la necesitaba.

Fue el abrazo más amoroso que alguien me haya dado, me sentí tan bien, como una niña chiquita otra vez, las lágrimas y la angustia que me oprimían se soltaron por completo haciéndome sollozar audiblemente. Ella comenzó a acariciar mi cabello.

-“Tranquila, él volverá, solo tienes que darle otra oportunidad”.

Pero… ¿Cómo sabía ella quien era el causante de esta angustia?

-¿Porqué, porqué tanto interés en reunirme con Edward?.

-Porqué si tu lo sacas de tu vida, también lo estás alejando de nosotras.

No entendía nada, cómo iba a alejarlo de ellas, este era mi sueño, él era parte de mi vida real, pero como es que todo se entrelazaba….

-Pero él me mintió. –Le respondí.

-“No lo hiso, Marie, solo te pido que mires más allá de tus narices, deja a un lado el miedo, tu lo amas”.

Ella tenía razón, yo lo amaba, o eso creí, pero… ¿cómo creer en sus palabras?, cómo hacerlo si lo que él me había dicho era totalmente irracional.

Como si hubiera estado leyendo mi mente la muchacha me respondió al mismo tiempo que me soltaba y se alejaba un paso de mí, tomó una de mis manos nuevamente y mirándome a los ojos me dijo.

-“Solo dale una oportunidad”.

La muchacha soltó mi mano y con paso lento pero seguro caminó en dirección a la tumba para luego esfumarse de la misma manera que lo había hecho antes Edward.

Me desperté de un salto, con la respiración agitada y el rostro humedecido por las lágrimas, aún temblaba de frio y una fuerte punzada en la sien hiso que llevara mis manos hasta donde dolía. Estaba cansada, el sueño había estado lejos de ser uno reparador. Me encontraba cansada, adolorida, como si no me hubiera movido en toda la noche de posición.

La habitación solo se iluminaba por partes con un pequeño rayo de luz de luna que se colaba por la ventana, dando un maravilloso y un tanto lúgubre tono azulado a toda la habitación, acentuando las sombras de los árboles tras la ventana.

Mientras seguía con las manos sobre la sien me di cuenta de que estaba sudando frio, me senté en la cama para incorporarme y estirando una de las manos tomé mi teléfono celular que había dejado antes de dormir sobre mi mesita de noche, miré la hora, 4:40 de la madrugada.

Tenía la boca seca y un gusto amargo en la boca, por lo que me levanté, tomé mi bata de levantar y me abrigué, con sumo cuidado salí de mi habitación, entré en el baño y me lavé los dientes, luego con aún más cuidado bajé por las escaleras, teniendo precaución de no pisar las maderas sueltas para que no crujieran y no despertara al resto de mi familia que se encontraba dormida.

A ciegas me adentré en la cocina, tomé un tazón de la encimera y abrí el grifo para tomar un poco de agua, fue refrescante sentir el líquido bajar por mi garganta. Pero eso hiso que los vellos de mi piel se erizaran y comenzara a temblar de nuevo, abrí el refrigerador y tomé la caja de leche, saqué una pequeña olla de losa del mueble, encendí la cocina y puse la leche a calentar.

Una vez en mi cuarto, me tendí en la cama y tomé mi taza de leche tibia, el calor me invadió y el sueño se hiso presente nuevamente. Pensé por un momento en todo lo que había pasado en mi sueño. Nada tenía lógica. Porque hasta hoy es que me entero que aquel hombre de las sombras, aquel a quien yo llamaba mi ángel protector era él. Edward.

Qué me querían decir esas mujeres, ¿Cómo iba a alejarlo de ellas también?. ¿Porqué?

El cansancio y el sueño e ganaron y nuevamente me dormí. Esta vez no soñé nada. O al menos no recuerdo haberlo hecho.

Un rayo de sol en la cara me despertó esta mañana, el día estaba peculiarmente brillante. Me levanté de la cama y caminé directamente al baño. Di el agua y me metí bajo la regadera mientras que el vapor empañaba el espejo sobre el lavamanos.

Siempre a ducha tibia aclaraba y calmaba mi mente, pero esta vez no pude dejar de llorar. Todo era tan reciente, todo dolía de la misma manera que lo había hecho ayer. Extrañaba a Edward, pero no podía perdonarlo. No importaba que un par de desconocidas intercedieran por él.

Le pedí a mi padre que pasara por la casa de los Cullen y recogiera mis cosas, cuando llegó con mis regalos no quise preguntarle nada. Aún cuando por dentro quería saber si Edward o Alice le habían dicho algo.

Ordené mi habitación sin prisa, prendí el estéreo y dejé que la música corriera al azar.

De pronto me di cuenta de algo.

Desde que Edward apareció en mi vida es que estos extraños sueños habían comenzado.

¿Qué rayos había hecho él en mí? ¿Por qué todo lo que le rodea tiene que ser tan complicado?

Lo único que tenía claro hasta el momento era que al menos por un tiempo no quería verlo, necesitaba pensar aún que le diría o si me acercaría a ellos el lunes en el instituto.

jueves, 20 de mayo de 2010

Capítulo 10: Despierta en medio de la pesadilla

N/A: Awww!!! al fin lo terminé!!! aquí les dejo el capítulo de hoy :) Espero que les guste!!! a mí me encantó, les juro que me imagine en el lugar de Marie. Cariños para todas. Las amo!!!

Por culpa de mi Alma

“Aléjate de mi pues tu bien sabes que no te merezco
quisiera arrepentirme, ser el mismo y no decirte esto
Aléjate de mi, escapa, vete ya no debo verte
Entiende que aunque pida que te vayas no quiero perderte”.

Marie Pov

No, no, no, estas cosas solo me pasan a mí, ¿Porqué?. Me devané la cabeza pensando y por más que lo intentaba no llegaba a ninguna conclusión.

El lado racional de mi cerebro me decía que todo esto era una mentira, un broma de mal gusto, una macabra idea de mi imaginación, pero si eso fuera así, ¿Cómo explicar la velocidad sobrehumana que Edward utilizó para darme alcance en sendero?, porque… es decir, tenía que haber una explicación lógica y racional para lo que mis ojos habían visto ¿No?.Pero era innegable el parecido asombroso que él tenía con el resto de su familia, es que tampoco eso era normal, ya me lo había pensado, pero siempre creí que el Doctor Carlisle y su señora los habían escogido por su parecido físico con ellos, sus facciones eran muy diferentes entres sí, pero como no notar el dorado de sus ojos o la extremada palidez que todos tenían en su piel, o que todos tuvieran cuerpos de súper modelos, como perfectos maniquíes. Es que eran tantas las cosas que se mezclaban en mi mente, tanto que pensar, tantos detalles en los cuales no me había detenido antes.

También estaba el dolor, el dolor emocional y físico que todo esto me estaba causando, ¿Por qué escoger precisamente el día de mi cumpleaños para decirme esta sarta de mentiras? ¿Por qué hacerlo después de que todo había sido tan mágico horas o incluso minutos antes? ¿Por qué si él quería herirme me había permitido besarlo y peor aún, me había besado él después a mí?.

Por otra parte no lo creía capaz de mentirme de esta manera, no parecía un hombre de esos, la otra mitad de mi cerebro creía un poco en sus palabras, no había visto en sus ojos ni un poco de mentira, siempre me consideré una persona intuitiva, pero si todo esto era una mentira entonces él debía ser el mejor de los actores. No encontraba otra explicación.

Vampiros. Já, todo el mundo sabía que ellos no existían. Que se instalaron en el inconsciente colectivo después de que un escritor creo a Drácula. Y en todo caso ni Edward ni su familia encajaban en el perfil que Bram Stoker en 1.897 le había dado a los vampiros. Yo había leído esa antiquísima novela un verano cuando había ido a la biblioteca nacional, y recordaba perfectamente las característica que el autor le había dado a esos seres mitológicos.

Inmortales, bebedores de sangre HUMANA, no podían salir a la luz del sol, se convertían en murciélagos, volaban, vivían en mansiones antiguas y dormían en ataúdes. Ósea, no me imaginaba a ningún Cullen así. No me calzaba por ningún lado.

Una vez había leído historias y fábulas de que aquí en Washington años atrás habían habitados más de algún ser mitológico, pero eran historias de hace más de 70 años, la gente en ese tiempo era más incrédula, supongo.

Ok, aquí estaba mi parte racional, siempre buscando respuestas científicas o en este caso literarias. Quizás simplemente debía creerle y ya, quizás él si decía la verdad.

Pero… ya, supongamos que sea todo cierto, que Edward era un Vampiro, si así fuese mi vida estaba en peligro, había estado en peligro de morir y yo ni cuenta me había dado.

Un miedo ilógico me recorrió y me hiso temblar. ¿Sería cierto?.

Bueno, él había dicho que no se alimentaban de humanos, por el contrario lo hacía de animales.

Si continuo pensando me volveré loca, lo peor de todo es que ya no había como retroceder el tiempo, yo ya estaba estúpidamente enamorada de Edward, lo amaba demasiado, le había dado mi corazón en bandeja de plata esta tarde y él lo había tomado, ahora no sabía cómo recuperarlo, cómo dejar de sentir este dolor, cómo quitar de mi cabeza lo que esta tarde había sucedido.

Cómo hacer entender a mi corazón que debe disminuir la intensidad de su palpitar cuando pienso en él, o como parar el revoloteo de las mariposas que juegan en mi vientre con solo tocar con la punta de mis dedos el borde de mi labio, recordando su beso, sintiendo aún su aliento frio entrar por mi boca, su mirada que decía que él también sentía lo mismo que yo, ese brillo en ellos que me tenía totalmente hechizada, hipnotizada, prendada de él.

Yo en un arrebato le había pedido que se alejara de mí, que ya no quería verlo, que era un mentiroso. Y a decir verdad, ya no tenía cara para pararme frente a él, si ni siquiera quería oír la historia completa.

Si todo lo que había dicho era verdad, ¿Por qué no había intentado convencerme en el camino a casa, porqué no había utilizado su supuesta “fuerza” para obligarme?.

Un enorme bostezo me avisó de lo tarde que era, de lo cansada que estaba y de que a mi desgracias aún estaba despierta. – No me habría quejado si todo hubiera sido una pesadilla. Pero no, yo estaba despierta, me encontraba despierta en medio de una pesadilla de la que con todas mis ansias quería despertar.

Sequé las lágrimas de mis ojos por última vez, ya casi no las recordaba, desde esta tarde se habían hecho parte de mí, no me habían abandonado en ningún momento. Nunca había llorado por un hombre, y es que en realidad jamás me había enamorado. Siempre creí que el hombre que mi corazón eligiese sería como los príncipes azules de los antiguos cuentos que mi bis abuela me había contado de niña. Pero irónicamente de igual manera estoy enamorada de un ser irreal, ni los príncipes ni los “vampiros” existen. Aunque hace un par de siglos atrás aún quedaban príncipes. O eso es lo que dicen los libros.

Terminé de quitar mis aretes, de ponerme la pijama y de poner otra cobija sobre la cama y me acosté, pesé largo rato en más preguntas sin resolver, pero finalmente me dormí.

El bosque estaba con una extraña y fría capa de neblina, los árboles formaban enormes sombras que le daban el toque lúgubre al paisaje. Estaba soñando, lo sabía.

No me asusté, yo conocía bien el curso que mi sueño tendría por lo que me dejé llevar por él.

Miré a todos lados en busca del hombre que siempre me cuidaba, ese que se escondía entre las oscuras sombras pero no lo vi, por primera vez desde que mis sueños habían comenzado él no estaba allí.

Esta vez encontrar el claro no fue para nada fácil, otras veces una extraña ráfaga de viento me llevaba casi arrastrándome hacia ese lugar, pero esta noche no era igual. No había ni una sola pizca de viento en el lugar, ni un solo crujido de corteza ni tampoco una sola hoja cayendo.

Mi sueño no era como siempre, algo andaba mal.

Corrí y me perdí en aquel bosque pero finalmente divisé la entrada al prado. Apuré mi paso, pero mi cuerpo se hacía cada vez más pesado, los colores a mi alrededor fueron decayendo hasta terminar solo en tonalidades grisáceas, de las imágenes que recordaba, de cómo había sido el lugar antes de esta noche ya no quedaba nada, todo era frío, tenebroso, oscuro, sin vida.

No vi a la chica joven que siempre estaba llorando, esa que me miraba con esperanza en los ojos, pero con suma tristeza, esa que al final del sueño siempre se despedía como esperando algo más de mí. No, ella no estaba, al igual que el hombre de las sombras.

Di un paso, y mis pies tocaron por primera vez la hierba del prado, nunca había llegado tan lejos, mi cuerpo seguía pesado, y el miedo se estaba apoderando de mí, era la única vez que lo sentía tan intenso, lo relacioné con el hecho de que mi ángel protector no estaba presente, el sueño se estaba volviendo cada vez más opaco, ya ni siquiera me atrevía a llamarlo sueño, parecía más bien una pesadilla.

Una mano se posó e mi hombro y me sobresaltó, dejé escapar un grito ahogado, pero en cuanto me volteé la pude ver, era la anciana, pero ya no lucía como antes, su semblante también estaba oscuro, sus parpados dibujaban una línea de cansancio, y tenía unas notorias ojeras purpuras bajos sus ojos. Ella no me estaba mirando con la misma calidez con que lo había hecho las últimas veces.

“Marie, estás dejando ir. No lo hagas por favor. Ustedes están destinados a estar juntos”.

Me quedé estática, ella jamás me había hablado y su voz se parecía tanto a la mía, pero era más agotada, más vieja… ronca.

Lo peor de todo es que supe de quién hablaba, ella se refería a Edward, lo sabía, pero no entendía por qué la anciana lo nombraba.

Justo cuando lo iba a hacer ella se desvaneció.

Estiré mi mano para alcanzarla, para detenerla, pero fue tarde, ella se había reducido a humo.

Una angustia se clavó en medio de mi pecho, me sentí culpable sin ninguna razón aparente.

La misma corriente que yo sabía que me arrastraría hasta el punto de partida me estaba tomando de nuevo, pero no me dejó donde siempre, esta vez me dejó en medio del prado, pero no estaba sola nuevamente, y un suspiro se hiso paso por mis labios.

Mi guardián, mi ángel protector estaba allí, de espaldas, cubierto por las sombras. Quise darle alcance pero el peso en mi cuerpo no me lo permitió. Quise con todas mis ganas poder acercarme. Quise hablar pero tampoco pude, mis labios no se abrían, llevé mis manos a la garganta, pero ni así pude hablar ni media palabra.

La sombra que lo cubría comenzó a deslizarse y cuando los vagos rayos del sol tocaron su piel un brillo enceguecedor lo bañó por completo haciendo que mis ojos se cerraran de golpe contra mi voluntad. En cuando pude los abrí poniendo con mi antebrazo mi frente para darle un poco de alivio a mis ojos ante tanta luz.

Mi ángel estaba alejándose, una pequeña nube de humo comenzó a cubrirlo, no sin antes permitirle voltearse, los destellos volvieron a cegarme pero logré ver su rostro.

“¿Edward?”

Él miró en mi dirección sin verme, con los ojos más tristes que he visto en mi vida, no me respondió, fue como si yo hubiera sido invisible para él. Solo bajó su cabeza y volvió a dar la vuelta para que finalmente el humo se dispersara dejando vacio el espacio en donde él había estado.

“¡Edward no te vayas, no por favor!”

Por que es imposible ignorar una sonrisa como esta . . .

Por que es imposible ignorar una sonrisa como esta . . .

Con todo mi amor para mis lectoras.

A mis lectoras:
Si aveces me pierdo por algunos días, si me retraso con las historias o si les he fallado y no he sido responsable con el calendario de publicaciones, no es por que no las quiera, o que no las respete como mis lectoras, lo que pasa es que antes que el blog está mi familia, mis estudios, las personitas que amo y me necesitan.
Pero les juro que cada ratito libre que encuentro en mis días lo dedico a pensar en uds, en tratar de avanzar con mis historias, en de vez en cuando renovar la imagen del blog y en estar presente para cualquiera de uds que me necesite. Si hay algo que les puedo asegurar es que cada una de las Historias que he comenzado en este blog, que sean de mi autoria JAMÁS quedarán sin final. Son mis bebés, y una madre jamás deja a sus hijos. Así sea que me cuesten lágrimas de frustración, bloqueos mentales y una que otra grosería cuando mi cabeza se quede en blanco, les prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para no dejarlas sin el tan esperado final.
Desde ya les digo que las amo, que cada una de uds, las que comentan, las que anónimamente pasan, las que siempre tienen una palabra de apoyo cuando la necesito merecen todo mi respeto, cariño y gratitud. Son las MEJORES lectoras, siempre esperando pacientemente sin quejas. Soy una agradecida de la vida por tenerlas conmigo.
Sin mi Pola y sin Ustedes este sueño de poder escribir no sería realidad.

Presentación del Blog

Hola!!! Mi nombre es Angylito soy de Chile y este es mi hogar, mi pedacito de Cielo en la tierra. En este Blog podrán leer hermosas historias relacionadas con la Saga de Twilight (SM). Porque como ya dije, Esto no termina con el Libro Amanecer, no mientras todas las fans tengamos imaginación para continuar la historia.

Aquí no solo encontrarán Fics o OneShots escritos por mí, ya que cuento con varias historias de otras Autoras que más que eso son mis amigas. Espero que Comenten y que suspiren con cada una de ellas.

Advertencia:
La mayoria de los fics son para mayores de 16 o 18 años, y/o gente con mentalidad abierta por *lemmon... asi que Los fics tienen clasificacion (Raiting) para que los puedas identificar:
M - (Adultos)
T - (Adolescentes)
K - (Para todas las edades)

*Lemmon : Situaciones Sexuales explícitas


Otra sonrisa que no puedes ignorar...

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♥ALGUNOS CUANTOS PERSONAJES LE PERTENECEN A SUS RESPECTIVAS AUTORAS
♥Y LAS IMAGENES O VIDEOS DE LAS PELICULAS DE LA SAGA DE TWILIGHT SON PROPIEDAD DE SUMMIT ENTERTEINMENT

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