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viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo 12: Decisiones


N/A: Apuesto a que pensaron que me tardaría más en publicar jajaja, como ya decía, tengo más tiempo ahora que ya terminó mi año escolar en la Universidad, sólo queda un examen pero es un pequeño detalle (: Aquí les dejo el capítulo y esta vez sí que les prometo no tardar tanto. Las amo!! Y ya extraño sus comentarios así es que los espero ¡! Besiños!!

Angylito

Hombre de Alquiler

Llegó a su casa, dejó las llaves del auto sobre la mesita de centro y se sentó en el sofá, se recostó sobre el cómodo respaldo y presionó su estomago, aún sentía mariposas en él, aún sin necesidad de inhalar con fuerza podía sentir el aroma de Apolo por todo su cuerpo. La sonrisa que llevaba en su rostro ya casi parecía tatuada en él, y es que había pasado la mejor noche de toda su vida, no sólo por que el sexo haya sido increíble, no sólo porque el lugar había sido mágico en más de cincuenta formas. Si no, porque al despertar él se había mantenido a su lado. Y aunque sabía que ese hombre no le pertenecía, que sólo hacía su trabajo, no podía ignorar lo bien que se sentía a su lado.

Cerró los ojos y dejó que su mente repitiera cada sonido que había oído la noche anterior, sus palabras de terciopelo acariciar su alma, sus excitantes gemidos e incluso el cauce del agua que caí de aquella cascada. Estaba tan concentrada que cuando su teléfono sonó se sobresalto tanto que casi cae del sillón.

Buscó dentro de su bolso el celular y por poco no alcanza a responder. La primera estrofa de la canción “Creep” de RadioHead le avisaba que sólo le quedaban veinte segundos para contestar la llamada -tenía que recordarse a sí misma cambiar el tono de su teléfono, esa canción tan deprimente ya no encajaba con su situación actual de vida-. Cuando el coro de la canción estaba por finalizar, símbolo de que la llamada pasaría a buzón de llamadas perdidas respondió.

–“¿Diga?”

–“Isabella, hija ¿Cómo estás?”

–“¿Mamá? ¿Pasó algo?”

–“¿Acaso no puedo llamarte sin que algo malo pase?

–“No, mamá para nada, es sólo que estaba distraída, ¿cómo están tú y papá?”

–“De hecho estamos más que bien, es por eso que te llamo, quería contarte que vamos a casarnos”

–“¡qué!, pero si ustedes ya están casados, ¿de qué hablas mamá?”

–“Lo que escuchas cariño, tu padre y yo queremos volver a casarnos, ya sabes que estamos enamorados y qué mejor que volver a repetir nuestros votos pero ahora con nuestra única hija como dama de honor”.

–“Pues… creo que están locos, pero supongo que será divertido ver a mi papá intentando bailar un vals”.

–“No te burles de tu padre, por lo demás está tomando clases, no creerás que dejaré que vuelva a pisotearme como la primera vez que nos casamos…” –Isabella había visto ciento de veces a el video de la boda de sus padres y se había reído a carcajadas cuando sus padres delante de cientos de invitados habían hecho literalmente el ridículo en la pista de baile. Lo peor de eso es que ella había heredado el poco talento para el baile también.

–“Perdón, prometo no reírme si te deja fracturados los dedos de los pies otra vez mamá”.

–“Espero que todo el dinero que gastamos en el profesor de baile de tu padre valga la pena, en fin, quiero que apuntes en tu agenda una semana libre, dentro de un mes será la boda y quiero que vengas una semana antes a casa para que me ayudes, ¡Dios! Hay tanto que hacer, además tenemos que comprarte un hermoso vestido lavanda, tienes que ayudarme a elegir el banquete, recibir a los invitados…”

–“Mamá basta, ok, iré, lo prometo, pero ya deja de hablar tanto, pareces una quinceañera”.

–“Me siento como si lo fuera hija, estoy tan feliz. Por cierto, supongo que no vendrás sola, ¿ya tienes un novio verdad?”

–“Este…yo”. –Su madre mejor que nadie sabía que ella era incapaz de mantener ningún tipo de relación amorosa… pero por un momento pasó por su mente el aroma de Apolo y volvieron las mariposas dentro de su vientre.

–“Bella, dime si vienes con alguien o no, necesito enviar las invitaciones, ver cuántas sillas debo poner en nuestra mesa…”

–“Mamá, iré sola”.

–“Está bien, ¡hey! Antes de que me olvide, este jueves estamos invitados a cenar a la casa de unos amigos y quiero que vengas con nosotros”.

–“No creo que pueda…”

–“Isabella, no es una pregunta, es una orden, iremos como familia y punto”.

–“Mamá sabes que odio eso de ir a cenar con tus amigas, y tengo un compromiso en la oficina este jueves, no creo que pueda”.

–“Isabella, ya le dije a Esme que iríamos a su casa, y sería una buena oportunidad para que conozcas a su hijo, está soltero igual que tú. Será una ocasión perfecta para que sociabilices y de paso consigas un hombre de verdad. ¿Sabías que pronto será Doctor? Es un excelente partido para ti”.

–“No puedo creer que quieras emparejarme con un típico hijito de papá y menos que esperes que acepte esta estupidez”.

–“¿Desde cuándo usas palabrotas señorita?, vendrás con nosotros y punto final además así aprovechamos para comprar tu vestido para la boda. No me hagas ir a buscarte. Hablo enserio. Su madre rara vez le hablaba de esa manera, pero sabía perfectamente que cumpliría su amenaza.

Isabella dio un fuerte respiro de resignación, conocía tan bien a su madre y sabía muy bien que era capaz de ir a buscarla y llevarla a la fuerza, era una mujer muy dulce, pero lo que tenía de cariñosa lo tenía también de obstinada y caprichosa, por lo que se rindió.

–“Está bien, iré, pero juro por Dios que no me acercaré ni un centímetro a ese tipo”. No esperó a que su madre dijera algo más, nunca antes le había cortado el teléfono, pero esta vez no quería amargar su día peleando con ella. Hasta hace unos minutos estaba más feliz que nunca y ni su madre ni nadie iban a cambiar eso.

Enojada tiró el celular al sofá y se fue a tomar una ducha para relajarse. Cuando hubo terminado decidió que lo mejor sería hacer algo por la vida, últimamente con el trabajo y sus citas con Apolo había descuidado demasiado su departamento por lo que tomó una libreta de su cartera y comenzó a revisar lo que faltaba en la alacena, hace ya casi un mes que no hacía las compras y sus alimentos se habían reducido a dos latas de atún, un puré instantáneo cuya fecha de vencimiento había pasado hace cuatro días y un tarro de arvejas.

Terminó de peinarse y se puso el clásico buzo que sólo usaba en casa los días domingos. Tomó las llaves de su auto y se dirigió al supermercado, ese que sólo estaba a un par de colinas abajo.

No podía creer que después de tantos años sus padres siguieran tratando de controlar su vida, ni siquiera por que ya era adulta la dejaban en paz. Se imaginó tratando de ser cordial con un desconocido, peor aún, se imaginó a su madre contando cómo y porqué Isabella seguía sin marido y lo conveniente que sería que ella se emparejase con el hijo de su amiga.

Trató de no volver a pensar en la “súper” cena y se concentró de lleno en las compras.

Por su parte Edward seguía pensando si había hecho lo correcto al renunciar, pensar en que ya no volvería a ver a Isabella le producía una especie de angustia, una punzada justo en medio del corazón, como si el tan sólo hecho de pensar en no estar con ella le produjese un vacío enorme en ese sitio.

Tomó su celular y decidió que ya era hora de hablar con sus padres. Si iba a dejar su trabajo como gigoló tenía que hacerlo de raíz, y por ahora lo mejor que se le ocurría para comenzar a materializar su decisión era volver a la casa de sus padres. Decirles que terminaría su carrera, que aceptaría sus condiciones y por mucho que esta vida que estaba escogiendo le haría infeliz era lo único que podía hacer para no causarle daño a la mujer de la que se estaba enamorando perdidamente. Tenía que alejarse de ella antes de que este sentimiento siguiera creciendo. Antes de que él perdiera el control sobre sus propios impulsos.

Muy por dentro Edward sabía que se mentía a sí mismo al pensar que esta era la mejor decisión. Pero ya no había vuelta atrás, lo único que podía hacer ahora era enfocarse en el examen final y darle en el gusto a su familia. O más bien a su padre.

Dando el último suspiro de resignación marcó el número de su hermano. Emmett era el peor consejero, pero él siempre le había dado su apoyo incondicional, y si iba a renunciar a sus sueños su hermano debía saberlo.

–“¿Emmett?

–“Eddie, ¿cómo estás bro?

–“No muy bien la verdad, Emmett creo que volveré a casa”.

–“¿Quieres que nos tomemos algo para discutir esto con calma?”.

–“Está bien, te veo en el supermercado de la calle principal, así compramos un par de cervezas y de paso vemos el juego de los Red Sox”

–“Me parece una buena idea, ya quiero ver como pierden la temporada”.

–“Si tu lo dices, nos vemos en media hora”.

Ambos hermanos cortaron al mismo tiempo, Edward trató de convencerse de que esto era lo mejor, se lo repitió en su cabeza unas cincuenta veces.

Se dio una ducha y luego de ponerse su camiseta y su gorro de los Red Sox tomó su billetera y las llaves de su departamento y salió trotando hasta la avenida principal.

sábado, 25 de junio de 2011

Capítulo 11 : Una mañana distinta

N/A: Gracias por no dejar de comentar, aún cuando hay veces en que tardo siglos en publicar. Les dejo este capítulo, la verdad es que ya comienzo con las pruebas (o exámenes) en la U, así es que no sé hasta cuando pueda sentarme de nuevo a escribir, aunque la verdad es que siempre que tengo que estudiar me baja toda la inspiración, como ahora que se supone me vine antes del trabajo para estudiar, pero quise terminar este capítulo antes de ponerme de cabeza a los libros y códigos, xD Las quiero nenas, a ver si ya de a poco comienzo a terminar el resto de mis historias. Ah!! Pero no se preocupen, porque tengo en mente varias más rondando mi cabecita loca.

Con amor Angylito




Hombre de Alquiler

La besó, la amó y la volvió a besar una y otra vez hasta que las velas que iluminaban la cueva se apagaron e incluso continuó después de ello. Iba a aprovechar cada segundo a su lado.

Ya era demasiado difícil sujetarse a las reglas, las había violado el mismo día en que la había conocido. La noche pasó maravillosamente lenta, fue como si llevaran años juntos, como si los minutos, las horas e incluso los días no pasaran si estaba a su lado.

El día en que firmó el bendito contrato no tenía en sus planes enamorarse. Pero ya era tarde, no podía evitar sentirse emocionalmente unido a ella. Esto no podía terminar bien.

Esta vez no la dejó dormida y se marchó como era su costumbre, posiblemente sería la última cita que tendrían, y el dolor de separarse de ella era demasiado para soportarlo en ese momento. Solo un poco más, era todo lo que podía concederse antes de terminar con todo esto.

Luego de cumplir su fantasía se acurrucó a su lado, la abrazó por la espalda y se dejó caer rendido ante ella. La dejó quitarse la venda nuevamente, pero antes le hiso prometer que no le miraría a la cara. No es que temiera al rechazo, lo que lo tenía muerto de miedo era mirarla a los ojos. ¿Cómo iba a mirarla si luego de esta noche iba a abandonarla de la misma manera que lo había hecho ese tipo que tan dañada la había dejado? No sabía que le habían hecho, pero la manera más común de hacerle daño a una mujer era traicionándola. Y eso era justo lo que él le haría.

Quizás se estaba tomando todo esto con más importancia de la que tal vez ella se lo tomaría. Pero le gustaba pensar que no sólo él sentía esto. Quería soñar con que ella también se había enamorado.

Incluso cuando él le soltó la venda en un momento ella se volteó sin mirarlo realmente, aunque por dentro se moría de ganas de subir la mirada pero no lo hizo, no haría nada que él no quisiera, Apolo la dejó dormir apoyada sobre su pecho y le acarició el cabello hasta que se durmió. O al menos eso pensó él.

Isabella no podía dormirse, no cuando tenía la oportunidad de mirarlo, aún cuando no pudiera saber cuál era el color de sus ojos, ni si tenía pecas en la cara, o si tenía alguna cicatriz. Sólo podía ver su torso desnudo, el resto lo tapaba una fina sábana blanca de seda cuidadosamente puesta bajo su pelvis, el lugar estaba oscuro, pero las sombras lo hacían ver hermoso. A la luz tenue de la luna casi brillaba, como si el cuerpo de Apolo estuviese cubierto por millones de diamantes. Sabía que era el brillo del sudor, pero hasta eso le daba perfección.

Finalmente se durmió. Su cuerpo estaba cansado y sus ojos le comenzaron a pesar. Ya se había hecho a la idea de despertar sola por la mañana, pero cuando inconscientemente medio adormilada se acurrucó y bajo sus manos aún continuaba el torso desnudo de su amante. Sonrió y unos pequeños hoyuelos se le marcaron en las mejillas. No abrió los ojos, quiso simplemente respirar otra vez el aroma de su piel. Su corazón latía calmadamente, estaba al unísono con el de él. Su pecho se inflaba al mismo tiempo que el de ella. Seguramente él seguía dormido, podía oír escasamente su suave respirar. Lo abrazó y volvió a acomodarse para volver a dormir profundamente.

La mañana estaba fría, pero a su lado tenía la mejor cobija, la sintió acomodarse, sintió el abrazo más cálido que en su vida había sentido. No se movió, no quería que la magia se acabara, no tan pronto. Tenía mil cosas que hacer, debía corregir un par de exámenes de sus ayudantías, tenía que juntarse con su familia para almorzar y luego ir al supermercado porque lo único que tenía en su alacena era una caja de galletas que si sacaba bien las cuentas posiblemente la fecha de vencimiento ya tenía que haberse cumplido la semana pasada. Pero a pesar de todo eso, quería seguir así.

Casi a mediodía ambos despertaron casi al mismo tiempo.

–“Buenos días ¿o debo decir buenas tardes? Bella durmiente”. Isabella sonrió ante las palabras de Apolo. Le daba lo mismo la hora que fuera, él se había quedado. Por primera vez él seguía a su lado.

–“Te has quedado…”

–“Supongo que mantendremos en secreto que me pasé de las horas de trabajo”.

La abrazó y le besó en el pelo.

–“Tienes que ponerte la venda, creo que ya es hora de que regresemos, supongo que tienes cosas que hacer”. Agradeció que en su voz no se notara la tristeza que sentía al tener que despedirse de ella. Pero sí lamentó la respuesta de ella. En realidad, lo que lamentó fue oír como la voz de ella se quebró al responderle.

–“Supongo que ya es hora de volver a la realidad, gracias por todo, lo digo enserio, fue increíble”.

–“Gracias a ti, recuerda que para mí siempre es un placer tu compañía pequeña Diosa”.

Tomó la venda que estaba a su lado y mientras ella se acomodaba el cabello de espaldas a él, le puso de nuevo la venda que la dejaría a oscuras nuevamente.

–“Sólo necesito que la tengas puesta mientras voy por nuestras ropas. Luego te la quitaré un segundo para que puedas vestirte, y cuando estés lista tienes que volver a ponértela. Regreso enseguida”.

La besó en la frente y salió de la cueva.

La ropa de ambos estaba por todos lados, no había caso con su ropa interior, estaba toda mojada aún, pero gracias a Dios que el resto no había caído al agua. Miró el lugar con la luz del día, ya no se veía tan mágico como con la luz de la luna y los pequeños faroles, pero seguía siendo especial. Más que mal había estado compartiendo este santuario con ella.

Cuando al fin hubo recolectado la vestimenta de ambos, volvió a la cueva, le pasó parte de sus prendas a Isabella y luego salió de nuevo para vestirse.

Sólo pasaron unos cinco minutos cuando ella lo llamó para que le diera el último apretón a la venda.

Se sentía triste. Sabía que después de este día no la vería nunca más. No porque no quisiera hacerlo, es más, esa era precisamente la razón por la que tenía que alejarse de ella, y también de este trabajo. Había logrado juntar un poco de dinero, pero después de pensarlo decidió que debería regresar a casa, terminar sus estudios y ya después de eso, cuando todos en su casa estuvieran conformes, tomaría las clases de música por su cuenta como hobbie.

El camino hasta el centro de la ciudad pasó rápido, Isabella mantuvo su cabeza agacha todo el tiempo sin reclamar ni una sola vez, cuando estuvieron seguros de que nadie podría ver que ella se quitara la venda, paró el auto, lo aparcó en el subterráneo del edificio en que ella trabajaba, el mismo lugar desde donde su última fantasía había comenzado y se despidió de ella.

–“Supongo que hasta aquí llego yo, espera a que me haya ido para que te quites la venda, cuenta hasta cien, yo ya no estaré a la vista para entonces”.

–“Está bien, oye, ¿puedo llamarte dentro de la semana?” .

–“Claro”. –Respondió arrepintiéndose en el acto por estar mintiéndole. Esta misma tarde iría a la agencia para renunciar.

–“Entonces te veré pronto”. Ella se inclinó para poder besarlo por última vez. El beso fue largo y casi tan apasionado como los de la noche recién pasada. Sintió como si él se estuviera despidiendo, pero creyó que sólo eran cosas de ella, volvería a verlo el jueves después de que regresara de su viaje a casa de sus padres.

Después de que se despidieran, Edward bajó del auto, la miró por última vez antes de cerrar la puerta del conductor.

Se veía tan linda, tan niña, pero al mismo tiempo tan mujer, estaba allí, sentada sobre el asiento del copiloto, ladeada ligeramente hacia donde él estaba parado, con la sonrisa más tierna que alguna vez haya visto en los labios. Estaba también un poco despeinada, pero seguía viéndose como una diosa para él. Cerró los ojos y cerró la puerta al tiempo que una lágrima rodó por su mejilla y sus ojos se nublaran por completo. La amaba demasiado. La había amado desde el primer día en que la vio. Tan indefensa, tan herida y tan vulnerable.

–“Adiós”. Fueron las últimas palabras que ambos dijeron al tiempo que la puerta se cerraba.

Isabella contó hasta cien como él le había dicho. Cuando hubo terminado la cuenta se sacó la venda. Y la tomó en sus manos más del tiempo debido, se la acercó a la cara de nuevo y la olfateó. Olía aún a él. Este sería un hermoso recuerdo. Guardaría esta venda como recordatorio de la mejor noche de su vida.

Se miró al espejo y se acomodó el cabello en una coleta baja, tomó de su bolso el estuche con su maquillaje y se pintó un poco los ojos.

Se sentó en el lugar que hasta entonces había estado ocupando su Dios griego y encendió el motor.

martes, 14 de junio de 2011

Capítulo 10: Presa y Cazador (Parte final)

N/A: Advertencia, este capítulo no es apto para menores de edad, ni tampoco para que mi profesor de Procesal lo lea. (En serio profe, NO quiere leerlo). Larga historia. Me tardé mucho en escribirlo, no se me da fácil escribir los Lemmons menos aún estando soltera pero se los debía. Espero que disfruten de la fantasía de Edward. Quiero comentarios!!!

Con amor Angylito


Hombre de Alquiler

El agua estaba fría y Él pudo ver de re ojo como el vapor emanaba de sus cuerpos. Ese simple hecho de la naturaleza lo maravilló por completo. Ver como la luz de la luna, las gotas de agua pegadas a la piel de ambos y ese casi invisible manto de humo que salía de ellos lograba una armonía perfecta con la atmosfera del lugar.

–“Simplemente maravilloso…” Las palabras simplemente se escucharon como un débil susurro en su mente.

Desde que ella había comenzado a besarlo no se habían vuelto a separar sus labios, nunca pensó que ella reaccionara de esa forma, no se esperó para nada lo perfecto que esto sería, y menos imaginó ni en sus mejores sueños la pasión que ella estaba poniendo en esta cita, pero al mismo tiempo se alegró de ser él con quien ella se desordenara. Había cambiado de tantas formas en tan poco tiempo, no calzaba en su cabeza como alguien tan tímida, tan dañada –porque sí, la mujer que vio aquella primera noche estaba seriamente dañada emocionalmente– se había convertido de repente en una mujer fuerte, segura y mucho más que eso, estaba hecha una verdadera mujer, a pesar de que sus facciones seguían pareciéndole infantiles.

La tomó con fuerza de las caderas, la apegó –como si eso fuera posible- más a su cuerpo, quería sentirla en cada rincón de su piel, estaba totalmente concentrado en las caricias que le daba, siento bruto, pero suave a la vez, siendo animal, pero tierno.

La llevó hasta donde caía un hilo de agua de la cascada y ahí bajo ese sutil baño y bajo la sombra de la luna se dejó dominar de una buena vez por el deseo.

Dejó de apretarla para jugar con sus manos a hacer caminitos en la espalda de ella, entre su blanquecina piel y los broches de ese bendito corpiño que parecía como tatuado sobre ella, logró liberar uno de los broches y en su cara se esbozó una sonrisa entre traviesa y de orgullo. Traviesa porque sabía que al deshacerse de esa lencería podría ver aquellos senos que tanto le gustaban, y de orgullo porque lo había logrado sólo con su dedo pulgar y el índice en el primer intento (no es como si hubiera tenido mucha práctica antes, pero unos cuantos consejos de su hermano le estaban siendo útiles en este momento).

Ella sintió el instante en que sus pechos se vieron liberados y subiendo sus brazos por sobre su cabeza invitó a Apolo para que le quitara el brasier de una buena vez, no costó nada para que él notara la indirecta-directa y la despojara de lo único que entorpecía que las manos de él comenzaran a jugar con aquellas montañas tan dulces, dando pequeños masajes y a ratos trazando un camino invisible desde su ombligo hasta llegar a su clavícula, detenerse allí un instante –casi eterno- y volver a bajar hasta encontrarse peligrosamente en su punto G.

Estaba al borde de rogarle que también se deshiciera de sus bragas, pero no quería adelantarse, estaba disfrutando de cada segundo en su compañía, no quería que la noche acabase tan pronto, y no es como si él durase poco, la última vez habían pasado toda la noche “juntos”, amaba como se sentían esos coquetos roses en sus puntos sensibles, este hombre era experto en masajes y qué decir sobre sus besos, era el más experto de los besadores. Simplemente el mejor.

Terminó lo que pareció el beso más largo e intenso que haya dado en su vida con una sutil caricia cerca de su sien, pensó en que por un momento él le quitaría la venda y su corazón se detuvo, ¿Acaso al fin podría conocer al hombre que tanto le había regalado en tan poco tiempo?. ¿Quizás él podría ser tan perfecto físicamente como lo era en la cama?. Su cabeza se inundó con mil y un preguntas que la llenaron de esperanza, ansiaba tanto ver el rostro de su Dios griego que cuando él volvió a apretar la venda contra sus ojos su corazón volvió a latir de golpe haciendo que se tambalease -como cuando lo hizo después de que se había tomado casi media botella de tequila con Tania el día que descubrió a Mike con la tipa esa- como si no tuviera control de su cuerpo lanzó de lleno el aire que se había acumulado en sus pulmones (sólo entonces se dio cuenta de que no estaba respirando) que se oyó como uno de esos suspiros que das como cuando ves a tu actor favorito en alguna película del cine.

La desilusión fue grande, pero la superó casi al instante, él con un solo impulso la tomó en sus brazos y caminó sólo un poco hasta llegar a la base de la cascada donde ya no caía agua, lo que identificó como una roca lisa les serviría como cama el resto de la noche al parecer, pero se equivocó, Él no sólo había preparado aquella hamaca, sino que también en aquella estrecha cueva que se formaba atrás de la cascada había una manta suave, sintió también el calor de las velas, una pisca de luz se hacía visible a través de la tela negra que cubría sus ojos, intentó imaginar cómo se vería de hermoso el lugar. Sólo había tenido un corto tiempo para preparar todo, pero Apolo – y no sabía cómo- lo había hecho. Había creado el mejor ambiente, la mejor fantasía de toda su vida.

Una vez que la dejara sobre la manta le pidió que lo esperara.

Para Él ésta sería sin dudas la mejor noche en su lista de noches favoritas, no se lo había dicho nunca a nadie, pero desde que era pequeño tenía la manía de escribir un infantil diario de vida, en el que llevaba escrito todas las cosas que no le gustaría olvidar jamás, cosas que quizás algún día podría contarle a sus hijos, y por qué no a sus nietos.

Mientras miraba como Isabella se acomodaba en la manta se quedó hipnotizado, la luz de las velas, el sonido del agua cayendo sobre las rocas, en sutil aroma a lavanda húmeda y lo malditamente tentador de su cuerpo eran lo más hermoso que había visto. Se estaba enamorando de ella, y podía darse cuenta de ello fácilmente. Cerró los ojos e intentó cambiar la imagen de él y ella de la mano caminando por la calle, mirándola directamente a los ojos, ¿Serían verdes cómo los de él? O… ¿quizás azul profundo como el cielo de medio día? Tal vez incluso podían ser café marrón como los ojos de su madre. Tenía una enorme curiosidad por saber de qué color eran. Tan grande como lo que estaba –claramente- comenzando a sentir por ella.

Caminó hasta donde estaba la segunda parte de la sorpresa. En un rincón de la cueva había pedido que le dejaran una cubeta de hielos con una botella del mejor champán y un par de copas altas. Tomó las cosas y caminó hasta ella.

Acercándose a su espalda desnuda, se inclinó para susurrarle al oído.

–“No te asustes diosa mía”. Acto seguido se escuchó como el corchó salió disparado dando un fuerte estruendo que fue aumentado por el eco de la cueva.

Alzó las copas y las llenó de aquel fino vino francés espumoso que se desbordó del cristal. Le tendió una de ellas a Isabella.

–“Vamos a brindar por la mejor noche que he tenido hasta ahora, por la mejor amante y porque eres y serás la diosa de mis fantasías”.

Isabella alzó también su copa y respondió a su brindis. –“Brindemos porque esta noche recién comienza”. Ambos dieron un sorbo pequeño y dejaron las copas a un lado. Estaban sin pensarlo sincronizados.

Él se sentó a su lado, la volvió a mirar con ojos llenos de deseo y no pudo más contra sí mismo. Respondió al impulso que su cuerpo le pedía y se acercó a ella para por fin volver a sentir su piel en contacto con la de ella. Sus manos y su boca estaban por cada espacio de ese menudo cuerpo, pero aún así sentía que no tenía suficiente de ella. Todo lo que sabía es que tenía que tenerle. En ese instante todo se volvió más caluroso, las sensaciones eran triplicadas al mil y el deseo era incontenible. Lo único que pudo hacer fue gemir ante ella y deshacerse por fin de su molesta ropa interior.

No iba a penetrarla así nada más, no quería que ella pensase que era un animal. Ella tenía que disfrutar esto tanto como él lo haría. La siguió besando al tiempo que ambos comenzaban a aumentar el movimiento de sus caderas, al tiempo en que respirar se les hacía cada vez más difícil pero extrañamente placentero, una pequeña capa de sudor estaba reemplazando casi imperceptiblemente las gotas de agua que antes cubría sus cuerpos.

El corazón de ambos estaba latiendo de manera desesperada y entrecortada. Se alejó un instante de Él y con sus manos enmarcó la silueta del rostro masculino frente a ella. Luego llevó sus manos hasta la nuca y agarró con fuerza el húmedo pelo, notó que Apolo se estremeció ante ese simple jugueteo, esta vez Isabella llevó sus manos hasta los omóplatos de él y con fuerza lo obligó a caer sobre ella.

No perdió el tiempo y dejó que sus piernas se enroscaran abrazando las caderas de su hombre, dejando sentir como su masculinidad le rozaba entre las piernas, tratando desesperadamente de que sus pelvis chocaran tanto que entre ellos no pudiera pasar ni una partícula. Sabía que él de haber querido penetrarla lo habría hecho ya, pero se dio cuenta que hoy la previa duraría un poco más y quiso jugar un poco.

Quiso tentarlo tanto como pudiera, quiso enloquecerlo de deseo por estar dentro de ella. Esto era un reto personal.

Practicó su mejor moviendo de caderas bajo él, movió hábilmente sus manos por aquel torso desnudo, dando pequeños arañazos de vez en cuando, otras lamió y besó con destreza cada lugar que estuvo a su alcance, incluso descendió un par de veces peligrosamente por lo que algunas llaman el caminito de la felicidad, Siempre tratando de excitarlo, siempre haciéndole creer que la tenía pero alejándose de él a ratos.

Apolo era fuerte, hiso todo lo humanamente posible por mantener el juego, por mantenerse fuera de ella pero ya no lo soportó más, no sabía que pasaba por la cabeza de Isabella, pero claramente quería esclavizarlo a ella para el resto de su vida. Estaba siendo magnífica, no, más que eso, le estaba dando una clase magistral de cuáles eran sus puntos erógenos.

Bajó una de sus manos para asegurarse de que la entrepierna de su musa estuviese húmeda y lista para recibirlo pero ya conocía la respuesta, estaba más que lista, introdujo un par de dedos en ella y disfrutó de la presión que las paredes del templo ejercían sobre ellos, giró un poco su mano y con el pulgar rosó delicadamente el clítoris. Isabella emitió un gemido de aquellos, la miró un instante y observó la mejor cara de excitación que alguna vez imaginó. Ella estaba mordiendo sus labios, y en su frente podía ver como arrugaba el entrecejo ya que las líneas de expresión en ella estaban completamente marcadas.

–“¿Quieres comenzar o jugamos un poco más?” Le preguntó casi riendo en medio de jadeos.

–“¡Si no comienzas ya mismo te juro que te muerdo!” Isabella ya no podía soportarlo más, lo quería ahora mismo dentro, ¡AHORA!.

La mejor sensación del mundo para ambos ocurrió luego de las impacientes palabras de Isabella. Una estocada que las quitó el aliento a los dos, el cuerpo de ella no tardó en acostumbrarse a sentirse lleno y el de él rápidamente comenzó moverse contra la piel desnuda de su diosa.

En un movimiento rápido la tomó de las caderas y la ayudó a ponerse sobre él, sin separarse ni un centímetro de ella, la tomó con aún más fuerza siguiendo la dirección de la gravedad, intentando que su miembro cavara más profundo para así repetir el movimiento una y otro vez con la esperanza de cada vez llegar más lejos dentro de ella.

Era demasiado fácil seguir el ritmo del otro, estaban en más de una forma en sintonía. Las manos ya no pedían permiso antes de tocar, ya no, simplemente se aventuraban a recorrer el lugar que les entrara en gana, los labios ya casi ardían de tanto fuego y el sudor ya hace rato había reemplazado al agua.

jueves, 28 de abril de 2011

Capítulo 9: Presa y cazador (Parte 2)

N/A: Bueno chicas, se que las he tenido abandonadas, pero estoy trabajando en el día y por las noches voy a la universidad, pero tranquilas, que no se me hace justo que Pola se lleve todo el peso de mantener vivo el blog, por lo que decidí darle una manito y actualizar yo también. Espero que les guste el capítulo.



Hombre de Alquiler

Aún Isabella estaba aturdida por el hipnotizante aroma de Apolo que seguía rondándole desde que se habían subido al auto y aunque él casi enseguida había abierto la ventanilla el aroma ya se había adueñado del pequeño espacio que compartían, por más que quisiera no podía dejar de sentirlo cada vez que inspiraba hondo, claro que de manera disimulada. En realidad, por ella la esencia podía quedarse para siempre impregnada en la tela de los asientos y más que molestarse estaría demasiado agradecida. Ese aroma de alguna manera la mantenía feliz, llena de energía. Y ahora que lo pensaba –si tenía algo de suerte– también podría quedarse con aquella esencia en su piel.

–“Me dijeron que podía cumplir cualquier fantasía que tuviera, ¿Es cierto eso?”

–“Así es, Tu escoges hoy”. – Le respondió usando por primera vez un tono juguetón.

Edward esbozó una pequeña sonrisa, aún mantenía sus manos apoyadas en el volante, estaba nervioso, no quería admitirlo, pero lo estaba, más de lo que se había sentido en mucho tiempo.

–“Ok, pero antes, quiero que me digas por qué me dejas escoger a mí, se supone que el que tiene que cumplir tus fantasías soy yo, y no tu las mías”.

–“Digamos que tengo curiosidad”. Ella jamás admitiría que lo hacía porque se lo debía.

–“¿Sobre qué? Claro, si es que puedo saber”.

–“Sobre muchas cosas”. Dentro de la mente de Isabella aparecieron un sinfín de preguntas, quería saber tantas cosas sobre él como fueran posibles, pero tampoco era el momento, era demasiado pronto para demostrar tanto interés, por lo demás se moría de ganas de saber dónde estaban. –“Por ahora sólo quiero saber dónde estamos”.

–“Pues eso, tendrás que adivinarlo tú misma”. Edward se sentía orgulloso de sí mismo. Este era el único lugar en el mundo en el cuál podía sentirse completo. Este era el paraíso perdido en la tierra. Sólo había pensado en este lugar cuando le ofrecieron escoger su fantasía, no se imaginó en ninguna otra parte más que en medio del hermoso bosque de pinos que ahora tenía enfrente.

Bajó del auto, caminó alrededor de este hasta llegar a la puerta de Isabella, la abrió con destreza y le tomó una de las manos que descansaban nerviosas en su regazo.

Ella sintió el calor que emanaba de ese simple tacto. Aceptó la invitación tácita que él le daba y salió del auto. Estiró disimuladamente sus articulaciones y volvió a respirar.

Una atisbo de amargura la llenó al darse cuenta que el perfume de su Apolo era más débil en el aire, pero sus pulmones se sintieron limpios cuando respiraron el oxígeno que –estaba segura que eran pinos­– la suave brisa le entregaba.

Él se paró detrás de ella, la rodeó con su brazos y con un sutil susurro le dijo. –“bienvenida a mi lugar feliz”.

Esa voz, ese dulce terciopelo, Apolo no tenía que hacer el más mínimo esfuerzo para dejarla con los vellos erizados bajo la ropa.

–“¡Apuesto a que estamos cerca del mar!” – Isabella habló con entusiasmo. Pero luego de pensarlo un poco más se sintió tonta automáticamente. No había playas a media hora de la ciudad. Se sonrojó al darse cuenta que él se estaba riendo de su ignorancia.

–“No, nada de mar, lo siento” –Volvió a reír – “pero si te sirve de consuelo, a donde iremos también hay agua salada”.

Volvió a tomarla de la mano, pero esta vez con su mano libre la rodeó por los hombros. Voluntariamente sus pies siguieron el camino que Apolo trazaba para ella, jamás sintió miedo de chocar contra un árbol, o de tropezar con una raíz a pesar de ser torpe de nacimiento. Estaba tranquila, al lado de él un extraño mando la hacía sentirse segura.

Caminaron por casi quince minutos, siguió sin quejarse ni una sola vez las indicaciones que él le daba hasta que por fin se detuvo.

–“¿Lo sientes?” Edward miró maravillado el lugar y se sintió mal por Isabella, El paisaje era digno de admirar.

Por su parte Isabella reaccionó a las palabras de su amante y prestó por primera vez atención a su alrededor desde que había comenzado a caminar a ciegas.

–“¿Es un río?”.

–“Estás cerca, pero no”. – Respondió riendo ya que sabía que nadie podría imaginar que en medio de la civilización pudiera haber una cascada tan divina como la que estaba frente a sus ojos. –“Haremos un trato, pero debes prometerme que pase lo que pase no vas a voltearte”.

–“Está bien, lo prometo”. Asintió ella.

Entonces, pasó algo que jamás se esperó.

La venda de sus ojos se aflojó y descendió hasta caer en la base de su cuello.

El fuerte resplandor de la luz de la luna llena le hizo cerrar los parpados instintivamente. Cuando al fin sus ojos verdes se acostumbraron a la luminosidad los abrió lentamente y se quedó estática.

Simplemente no podía dar crédito a lo que sus ojos veían. Nada de lo que pudiera imaginarse ahora era capaz de competir con la hermosura de este lugar.

–“Es… es…” –No conseguía articular frase alguna, estaba aturdida de la emoción.

–“Es hermoso, lo sé” –Edward ahora se encontraba dos pasos alejado de ella, cubierto por un manto de sombras que provenía de los árboles. No quería correr el riesgo de que ella le viera la cara si es que decidía voltearse “accidentalmente”. Pero ella ni siquiera intentó romper su promesa.

La dejó contemplar el lugar por un momento, pero no pudo soportar más las ganas de mostrarle la otra parte de su fantasía.

Frente a la cascada los de la agencia habían hecho un excelente trabajo.

Una hamaca griega colgaba entre dos enormes árboles, a un lado una enorme cesta de frutas y platón lleno de uvas.

Se acercó a ella sin hacer ni el más mínimo ruido, tomó la venda y volvió a ponerla firme dejándola de nuevo a oscuras.

–“¿Cómo demonios hiciste esto en tan poco tiempo?”. –Ella estaba más que asombrada, no imaginaba que todo esto pudiera ser tan… tan… la palabra que buscaba era Mágico.

–“Tu pediste hacer realidad mi fantasía, y mi fantasía es esta”. Fue todo lo que dijo, por lo siguiente no fueron palabras, fueron hechos.

La tomó en brazos como si fuera una novia a puertas de su luna de miel, la dejó con delicadeza sobre la hamaca, haciendo un juguetón camino con la yema de sus dedos desde su clavícula hasta llegar a su pie derecho le quitó su zapato de tacón, luego con la misma suavidad que lo había hecho la vez anterior tomó su pie izquierdo y quitó el otro zapato.

El corazón de Isabella amenazaba seriamente con desbordarse de su pecho. Esto se estaba poniendo bueno, y lo mejor es que recién comenzaba.

–“Debo decir que es una pena deshacerme de tu vestido, te ves realmente preciosa con él puesto, aunque debo admitir que me gustas más desnuda”.

A Isabella no le importó el tiempo que tardó escogiendo el vestido, ni tampoco lo costosos que fueron los zapatos tacón aguja que combinaban perfectamente con su atuendo y que por cierto le hacían ver las piernas más largas y delgadas. Tampoco sintió vergüenza de verse desnuda frente a él, bajo el vestido llevaba una linda lencería, nada de ese típico algodón, hoy sólo llevaba un magnífico conjunto morado fuerte de satén.

–“Entonces dime que tengo que hacer, ¿soy una especie de esclava o qué?”

–“No podrías ser una esclava con lo hermosa que estás hoy, es más hoy serás una Diosa griega y yo tu esclavo”. – No aguantó la carcajada que salió estrepitosamente de su garganta. –“Vaya, jamás creí que diría algo así. Suena cursi ¿verdad?” – volvió a reír.

–“Admito que no es lo mío el juego de palabras previo a tener sexo con un ‘desconocido’ pero me gusta como se escucha la idea de que seas mi esclavo”.

–“Seré el mejor esclavo que una ninfa tan hermosa como tu haya tenido”

–“¿Ninfa?”

–“Sí, oíste bien, ¿sabías que este ‘Dios griego’ estaba perdidamente enamorado de una ninfa llamada Dafne?, ella fue su primer amor”.

–“No conozco mucho sobre mitología griega, podríais contarme la historia esclavo”. Se rió por lo solemne y mandona que sonó su voz.

Edward contuvo una risita nerviosa al darse cuenta que la fantasía había comenzado. –“No es para nada una historia con final feliz, pero dejadme que se la cuente mientras comienzo con un suave masaje con aceites de lavanda” Se paró justo a un costado de la hamaca y comenzó a masajear el cuello de Isabella, descendiendo tímidamente y a ratos hasta sus pechos cubiertos aún por suave tela. Sólo logró repetir el movimiento unas cuatro veces antes de comenzar a bajar cada vez más la tela de aquel vestido por los hombros. Ella se apoyó sobre sus codos para dejar a la vista la cremallera en su espalda y él recibió con alegría la iniciativa.

Como si se tratase del cristal más fino la despojó de su vestido, pero no quiso quitar aun la lencería, y es que simplemente no podía creer cuanto había cambiado ella desde la primera vez que la vio allí parada, con esas ropas que parecían de una hermanita de convento, ahora en cambio, se veía mejor que cualquier modelo de pasarela. El satén se amoldaba demasiado bien a su figura, y el color morado resaltaba aún más en su piel bajo la luz de la luna llena.

Continuó con el masaje mientras le contaba la historia de Apolo y Dafne que había leído esta mañana en internet.

–“ Dafne es una ‘Driade’ o en palabras comunes una Ninfa de los árboles, hija del Dios rio Peneo de Tesalia y de la ninfa de las aguas Creúsa”. Se detuvo para poner más aceite en sus manos que ahora recorrían por completo el cuerpo de Isabella pero sin invadir nada que estuviera aún cubierto por la lencería, lo mejor lo dejaría para después.

–“Continuad…” Dijo ella con voz relajada y que estando con los ojos cerrados mientras recibía el mejor masaje de su vida. Su mente se había transportado a la historia envuelta por el terciopelo de la voz más sensual que haya escuchado alguna vez. Se imaginó a sí misma con las orejas puntiagudas, con un cuerpo escultural y con curvas perfectas, con alas casi tan transparentes como las de una rara mariposa de las amazonas, imaginó también a su Apolo sólo con una toga color crema sujetada con una argolla dorada en su hombro y un par de grilletes en sus manos, esta sin dudas se había convertido su mejor fantasía.

–“Eros quien estaba harto de escuchar el canto de Apolo y también celoso porque este se burlaba continuamente de sus habilidades en el arco le lanzó una flecha dorada para que se enamorase de Dafne perdidamente y la siguiera hasta el fin de los tiempos, pero en cambio a ella le lanzó la flecha con punta de plomo, haciendo que sólo sintiera desprecio y desdén hacia él. Así fue como ella cansada de huir de Apolo imploró a su padre por ayuda, quien la convirtió en un fuerte y hermoso laurel, árbol que pasó a ser sagrado y adorado para Apolo”. – Él se detuvo, la observó en silencio a la luz tenue de la luna y acarició su cabello hasta librar un pequeño mechón que había quedado atrapado bajo la venda negra.

Luego de un fuerte suspiro, Isabella rompió el silencio.

–“¿Sabes cuál es la diferencia entre Dafne y yo?”.

–“¿Cuál?” – preguntó él.

–“Que a diferencia de ella yo no planeo alejarme de ti, al menos no ésta noche”. – Se incorporó y se colgó de su cuello haciendo una verdadera llave en su cuello. Le rodeo la cintura con sus piernas y buscó a tientas su boca, comenzó a besarlo como nunca antes había besado a un hombre. Hambrienta, sedienta de él.

Él la ayudó a ponerse de pié, mientras ella comenzaba a desabrochar los botones de su camisa, para luego bajar hasta el grueso botón de sus pantalones. Lo quería desnudo para ella. Quería hacer de su esclavo su amante y lo quería ahora ya.

Sin hacerse de rogar y sin chistar él se dejó desvestir, una vez que estuvo total y completamente como Dios lo hecho al mundo volvió a tomarla en sus brazos y caminó hasta donde terminaba de caer el agua de la cascada.

sábado, 26 de marzo de 2011

Capítulo 8: Presa y cazador (Parte 1)


N/A: Awwww!! chicas!! no se imaginan cuántas noches llevo craneándome la cabeza para poder hacer este capítulo. Pero creo que al fin quedó bien. Espero de corazón me perdonen por tardar tanto en actualizar esta historia, pero es que se los juro ¡Mi imaginación brilla por su ausencia!. En fin, espero que el capítulo haya valido la espera. Las adoro!!

Hombre de Alquiler

Hace un buen rato ya que había llamado a la empresa, había pedido un servicio especial. Esta vez no sería sólo un revolcón más, al menos no uno común y corriente. Esta noche se había preparado física y mentalmente para ser una mujer osada, para intentar conservar la confianza que había adquirido la noche anterior. Quería que aquel chico supiera que ella podía ser tan o más mujer que las tipas con las que de seguro estaba acostumbrado a tratar. Esto estaba pasando más allá de todo lo que debía permitirse, pero le gustaban los retos, y este, era particularmente el mayor al que se habían enfrentado en su vida. Siempre mantuvo vivo el estigma de ser pésima en lo que a intimidad se refería.

Cuando llamó a la agencia dejó bien en claro los cambios que debían realizarse esta noche. Cuando la secretaria le pidió más detalles ella sólo respondió.

–“Sorpréndanme”.

Edward por su parte, ya había recibido como de costumbre el sobre amarillo con la ficha de su clienta, no se asombró para nada cuando volvió a comprobar que Isabella volvía a prescindir de sus servicios, es más, al leer en la hoja ese nombre se sorprendió al darse cuenta que una extraña sensación de tranquilidad se posaba en su pecho, le agradaba que no lo mandaran con otras mujeres, hasta se sentía un poco culpable de recibir una paga sin siquiera hacer un sacrificio real, además Isabella estaba buenísima, y para él acostarse con la muchacha no significaba para nada un gran esfuerzo, la última noche de trabajo había sido increíble y aún no era capas de borrar de su cuerpo el olor a Fresas y lavanda que emanaba de ella. No es como si realmente quisiera quitarlo. Le gustaba sentir ese hormigueo en su cuerpo cuándo inhalaba llenando sus pulmones de ese exquisito perfume.

No estaba del todo bien sentirse “culpable” por recibir tanto dinero, mal que mal, esto era un trabajo, pero después de la última noche, lo repetiría incluso sin recibir ni un solo centavo. Un atisbo de remordimiento lo asaltó. No le estaba permitido sentirse de esa manera. No cuando el contrato que hace apenas unas semanas había firmado resaltaba en negritas las palabras “prohibido involucrar cualquier tipo de sentimiento con las clientas”.

Pero al cabo de un rato tubo que obligarse a pensar con la cabeza fría. No debía sentirse tan contento por volver a verla, no debería estar TAN ansioso por volver a tocarla. Incluso más, no debía estar tan nervioso,. – “Ella es sólo una clienta” – Se repitió una y otra vez. Pero él no sabía como manejarse en este medio, él no era más que un novato en todo esto. La verdad de las cosas, es que para él siempre el sexo iba ligado a sentimientos, y como a cualquier ser humano le pasaría, de apoco los estaba involucrando, quisiera o no, la historia estaba escrita así.

Como su cuerpo no dejaba de reaccionar ante el recuerdo de ese frágil cuerpo desnudo sobre aquella cama decidió volver a ducharse, a pesar de que recién había salido de la regadera. Volvió a tomar la toalla que acababa de colgar en el respaldo del sofá y entró otra vez a la tina, pero esta vez el único vapor que salió fue el de su boca. El agua estaba realmente fría.

Guardó el sobre en el primer cajón de su escritorio y tomando la carpeta donde tenía los apuntes para realizar la ayudantía de hoy en la universidad salió del apartamento tratando de emplear toda su concentración en aprender el nombre de los alumnos en orden alfabético, si volvía a pensar en esta noche terminaría de nuevo bajo el agua helada. Sin embargo no lo suficiente para opacar el llamado que su cuerpo.

Isabella entró rápidamente a su despacho para dejar sobre su escritorio los papeles para la junta de mañana.

Estaba más ansiosa que nunca, los segundos no pasaban lo suficientemente rápido. Pronto podría cumplir su primera fantasía, y por supuesto, Apolo sería su mentor. El ascensor descendió lentamente, hasta que por fin llegó al estacionamiento donde la esperaba su flamante volvo rojo, en menos de una hora estaría nuevamente en sus brazos. No lo había notado, esta era la primera vez que se arreglaba tanto para un hombre, era la primera vez desde la noche que descubrió a Mike claro. Pero se sentía bien volver a sentirse mujer.

Cuando salió del ascensor y presionó el botón rojo del pequeño control remoto que colgaba como llavero de la pesada llave con borde negro en la parte superior del metal el eco que hiso el sonido de la alarma de su propio auto la asustó. Era estúpido asustarse con un sonido que ya le era tan familiar, pero hasta entonces no había notado cuán grande y vacio estaba el estacionamiento a esta hora. Respiró profundo antes de avanzar. El sonido de sus tacones al caminar de pronto se hizo más ruidoso, molesto. Jamás se había perturbado con el simple sonido de un par de tapillas. Un pequeño viento se coló desde la salida del estacionamiento y en un segundo su piel ya estaba de gallina. Con los sentidos alertas y a flor de piel. La paranoia no era algo común en ella, pero al sentirse tan expuesta no pudo evitarla.

Lo mejor sería caminar rápido –pensó.

Lo único que quería era subir al coche y poner marcha a la fantasía que le esperaba en manos de ese gigoló.

Pero algo la detuvo a sólo pasos de su vehículo.

La sombra de un hombre que asomaba justo del pilar por el cual debía pasar.

­–No tengas miedo. – Una voz grave y varonil se escuchó casi como si fuera un murmullo.

Su corazón se detuvo en más de una forma. Dentro de su inconsciente algo le decía que debía confiar en aquellas palabras, pero por otra parte su cuerpo reaccionó exactamente a la inversa.

Automáticamente cerró los ojos y con su mano ahogó un grito que amenazaba con estallar. Su corazón volvió a latir, pero por poco no se desmoronó ahí mismo.

Tres pasos se oyeron en su dirección. Tomó un poco de la valentía que nunca tuvo para abrir sólo un milímetro sus ojos y miró cautelosa hacia las sombras. Una silueta oscura se dibujó, era la de un hombre, sin dudas, pero por más que buscó en su mente no pudo reconocerla.

Una ráfaga de viento frio volvió a soplar en su dirección. Sólo entonces pudo saber de quién se trataba.

Ese olor le era tan exquisitamente familiar, que no pudo resistir la tentación de abrir bien los ojos y tratar de ver el rostro del hombre frente a ella. Sin embargo su osadía fue en vano. Él, seguía cubierto por la oscuridad.

–“Sígueme el juego”. – Esta vez reconoció con facilidad el matiz de terciopelo en ese simple juego de palabras.

Isabella, sólo asintió.

–“Ahora, necesito que te voltees y pongas las manos en tu espalda”. –Ella obedeció.

Sintió como el tipo se acercaba cada vez más pero no se movió. Sintió cómo él depositaba una suave seda sobre sus manos aún en su espalda.

–“Confiaré en ti, sé que no harás trampa y te vendarás por ti misma esta vez”. Isabella llevó sus manos hacia adelante y miró en ellas la venda. Quiso voltear y conocer al fin el rostro de aquel hombre, pero resistió las ansias y de mala gana levantó la venda hasta su rostro. Ella no contaba con lo que Apolo haría.

Las manos de Edward rodearon las de Isabella hasta alcanzar los bordes de la venda, no fue más que un pequeño rose en su piel, pero se sintió tan bien que ella gustosa dejó qué el terminara de amarrar la tela un poco más arriba de su cuello.

–“Entonces, oficialmente diré… Soy el número diez en la lista de tus fantasías”. Edward rió inconscientemente al terminar la frase que daba inicio al jueguito.

–“Y yo la número uno de las tuyas”.

–“Ahora en completo silencio dame las llaves de tu auto, da media vuelta y camina tres pasos”. – Ella lo hizo. Esto se estaba poniendo interesante. Lo más curioso es que jamás le abría entregado las llaves de su bebé a cualquier hombre, pero era difícil negarle algo a él.

–“Detente y espera”. –Le ordenó haciendo que su voz sonara un poco más grave y misteriosa.

Edward abrió la puerta de copiloto del volvo rojo y le ayudó a entrar en él. Se sorprendió que en cuanto a vehículos coincidieran. Conocía perfectamente el modelito, pues él tenía uno igual, sólo que gris.

–“Lindo auto”, sonrió.

–“Gracias” –Respondió Isabella orgullosa. Porque ella realmente amaba su auto.

Él puso en marcha el motor, pero antes de partir pidió a Isabella que se agachara. Argumentando que no sería para nada normal que un tipo condujera un auto llevando una mujer con los ojos vendados.

Isabella se rió, después de todo estaba descubriendo que amaba las aventuras.

–“No te levantes hasta que te lo diga”.

El suave ronroneo de su motor llenó por completo sus oídos.

–“¿Puedo preguntar a dónde me llevas?”

–“Ya verás cuando lleguemos, por ahora, mantén tu cabeza agachada”.

Fue gracioso, por que cuando él mencionó las últimas palabras a Isabella se le hizo agua la boca y es que estaba tan peligrosamente cerca, –más bien de una parte muy llamativa de él –, que se preguntó como sería practicar un sexo oral mientras era “Seudo-Secuestrada” . Pero se arrepintió, rió para sus adentros por las locuras que su mente estaba maquinando y es que no llevaba ni diez minutos con él a solas en el auto y ya quería lanzársele literalmente a los pantalones.

Se dio cuenta de que su corazón estaba latiendo demasiado fuerte, que comenzaba a tragar saliva más rápido de lo normal y que en su vientre había un carnaval de sensaciones. Quería que llegaran pronto a donde fuera que él la estuviera llevando. Lo único que había pedido a la agencia, era que la sorprendieran, que quería vivir una fantasía, pero eran ellos quienes debían dejar que Apolo decidiera. Más que satisfacerse a sí misma – cosa que estaba segura lograría esta noche- quería que él disfrutara, quería hacerlo feliz, se lo debía. Mal que mal él la había ayudado tanto, que se sintió en la obligación de compensarlo. Además, tenía curiosidad por conocer una de las fantasías que él pudiera tener y más aún, saber si ella sería capaz de complacer a un hombre.

–“¿Y vas a decirme que es lo que haremos esta noche, o es que sólo vas a conducir?” – Preguntó ella después de un largo tiempo de viajar en silencio.

–“Sólo faltan treinta minutos de viaje, supongo que cuando lleguemos sabrás cuál es mi fantasía, pero mientras tanto, creo que ya puedes enderezarte, dudo que a esta hora anden muchos vehículos por la carretera”.

–“¡Media hora!”. – Por suerte había llenado el tanque un rato antes.

–“Ya verás, cuando lleguemos verás que ha valido la pena el tiempo de viaje”.

Por un momento Isabella se lo pensó. Esta era la primera vez que le oía hablar tanto, y eso le gustaba. Si algo realmente irresistible tenía Apolo era su timbre de voz. Tan varonil… tan… tan de hombre que la derretía con tan sólo un par de frases. Eso, sin mencionar que todo el interior del volvo olía exquisitamente a él.

Luego de un rato sintió como disminuía la velocidad, agudizó su sentido de la audición para tratar de escuchar algo que pudiera darle un indicio de a donde la había llevado, pero sólo escuchó como las llantas recién lavadas de su auto entraban a un camino de tierra. A lo lejos se escuchó como la mar rompía sus olas en lo que pensó deberían ser grandes rocas.

–“¿Dónde estamos?” –Preguntó casi extasiada.

–“Lejos de la gente”. – Respondió él tomando una fuerte bocanada de aire fresco.

Por que es imposible ignorar una sonrisa como esta . . .

Por que es imposible ignorar una sonrisa como esta . . .

Con todo mi amor para mis lectoras.

A mis lectoras:
Si aveces me pierdo por algunos días, si me retraso con las historias o si les he fallado y no he sido responsable con el calendario de publicaciones, no es por que no las quiera, o que no las respete como mis lectoras, lo que pasa es que antes que el blog está mi familia, mis estudios, las personitas que amo y me necesitan.
Pero les juro que cada ratito libre que encuentro en mis días lo dedico a pensar en uds, en tratar de avanzar con mis historias, en de vez en cuando renovar la imagen del blog y en estar presente para cualquiera de uds que me necesite. Si hay algo que les puedo asegurar es que cada una de las Historias que he comenzado en este blog, que sean de mi autoria JAMÁS quedarán sin final. Son mis bebés, y una madre jamás deja a sus hijos. Así sea que me cuesten lágrimas de frustración, bloqueos mentales y una que otra grosería cuando mi cabeza se quede en blanco, les prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para no dejarlas sin el tan esperado final.
Desde ya les digo que las amo, que cada una de uds, las que comentan, las que anónimamente pasan, las que siempre tienen una palabra de apoyo cuando la necesito merecen todo mi respeto, cariño y gratitud. Son las MEJORES lectoras, siempre esperando pacientemente sin quejas. Soy una agradecida de la vida por tenerlas conmigo.
Sin mi Pola y sin Ustedes este sueño de poder escribir no sería realidad.

Presentación del Blog

Hola!!! Mi nombre es Angylito soy de Chile y este es mi hogar, mi pedacito de Cielo en la tierra. En este Blog podrán leer hermosas historias relacionadas con la Saga de Twilight (SM). Porque como ya dije, Esto no termina con el Libro Amanecer, no mientras todas las fans tengamos imaginación para continuar la historia.

Aquí no solo encontrarán Fics o OneShots escritos por mí, ya que cuento con varias historias de otras Autoras que más que eso son mis amigas. Espero que Comenten y que suspiren con cada una de ellas.

Advertencia:
La mayoria de los fics son para mayores de 16 o 18 años, y/o gente con mentalidad abierta por *lemmon... asi que Los fics tienen clasificacion (Raiting) para que los puedas identificar:
M - (Adultos)
T - (Adolescentes)
K - (Para todas las edades)

*Lemmon : Situaciones Sexuales explícitas


Otra sonrisa que no puedes ignorar...

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Mi amado Jackson Rathbone ♥
DISCLAIMER
♥ LA MAYORIA DE LOS NOMBRES Y PERSONAJES LE PERTENECEN A STEPHENIE MEYER
♥ALGUNOS CUANTOS PERSONAJES LE PERTENECEN A SUS RESPECTIVAS AUTORAS
♥Y LAS IMAGENES O VIDEOS DE LAS PELICULAS DE LA SAGA DE TWILIGHT SON PROPIEDAD DE SUMMIT ENTERTEINMENT

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